El Arco de la Encarnación es uno de los elementos históricos más significativos del patrimonio monumental de Pegalajar. Este arco apuntado formaba parte del sistema defensivo medieval y constituía la puerta principal de acceso al Castillo de Pegalajar, permitiendo el paso hacia el recinto fortificado.
Sobre el arco se conserva una lápida conmemorativa rodeada de escudos heráldicos, grabada en relieve con letra gótica textual. Aunque algunas partes presentan deterioro por el paso del tiempo, aún se aprecia la organización del texto en renglones en relieve donde se encajan las grafías. La inscripción emplea abreviaturas y algunas letras ocultas al final o en el interior de las palabras, un recurso habitual en este tipo de epigrafía histórica.
La lápida comienza con la palabra “Jhesus”, enmarcada entre dos cruces, una invocación religiosa frecuente al inicio de los documentos públicos de la época. A continuación se mencionan la fecha, el monarca reinante y la referencia al promotor de la obra, indicando el carácter conmemorativo del monumento.
El Arco de la Encarnación constituye hoy uno de los vestigios más visibles del antiguo sistema defensivo de Pegalajar y un elemento clave para comprender la configuración histórica del municipio durante la Edad Media. Su presencia recuerda el papel que desempeñó la localidad dentro de las rutas y fortalezas que articulaban el territorio de Sierra Mágina.