Km. 0
La ruta empieza junto a la fuente de la Ermita de la Virgen de Cánava, ámbito devocional y puerta de entrada al Pinar de Cánava. Debemos solicitar la llave de la cueva en la gasolinera contigua (también la facilita el Ayuntamiento, según disponibilidad). Tomamos el camino asfaltado que asciende a la derecha de la ermita (señales a Pinar de Cánava, Cueva de la Graja y campo de fútbol). Avanzamos con un murete de piedra a la derecha como referencia. La subida es cómoda y continua sobre buen firme; a media ladera aparece, a la izquierda, un pequeño mirador que abre la cuenca visual hacia la Serrezuela de Bedmar y la campiña de Bedmar y Garcíez, mientras Jimena queda abajo, ya a la espalda. Seguimos por la vía asfaltada, en ascenso suave, hasta el aparcamiento del campo de fútbol.
Km. 0,5
Desde el aparcamiento, se gira a la izquierda y se toma el sendero escalonado que conduce a la Cueva de la Graja. Son 240 m de ascenso corto pero exigente, con firme de tierra y roca, traviesas y un tramo final protegido con barandilla y escalera. La pendiente se nota; conviene atender al firme irregular para evitar resbalones. La recompensa llega pronto: entre claros, la vista se abre hacia el mosaico olivarero de Bedmar y Garcíez.
Km. 0,74
Tras 240 m de ascenso por la senda, se alcanza la Cueva de la Graja, Bien de Interés Cultural, célebre por su arte rupestre esquemático — en tonos rojizos y castaños— con motivos antropomorfos y zoomorfos, además de figuras singulares de gran interés científico. La cavidad está protegida por una verja; el acceso al interior requiere la llave indicada. Es un lugar frágil: no se tocan las paredes y se recomienda una visita breve y sin flash. Tras la parada, se desanda el mismo sendero, con precaución en los peldaños y sobre la roca pulida, hasta regresar al aparcamiento.
Km. 0,98
Ya en el asfalto, retrocedemos unos metros en descenso hasta el punto donde finaliza el murete. Aquí se toma, a la izquierda, un carril con talanqueras: es el Camino de las Pilas de Trisla (Km 1,2). La traza vuelve a ganar altura entre olivares y manchas de pinar; se agradece la sombra intermitente, especialmente en días calurosos. El firme es regular y cómodo, apto para mantener el ritmo sin grandes esfuerzos. Desde este punto nuestra ruta discurrirá paralela a la ruta cicloturista C5.
Km. 1,2
En el siguiente cruce, el ramal izquierdo conduce a la Saleta del Moro y al Pilar del Moro —hitos cercanos y muy vinculados al territorio—; se continúa de frente para seguir el circuito en dirección al Pinar de Cánava.
Km. 2,9
La pista del Camino de las Pilas de Trisla mantiene un ascenso progresivo entre olivares y manchas de pinar hasta un claro donde, a la derecha, nace un sendero señalizado. Se toma esa vereda y se entra en el Pinar de Cánava, bosque de pinos carrascos centenarios declarado Monumento Natural por su porte y formas retorcidas. El ambiente es agradable: sombra casi continua, aroma a resina y claros que, a ratos, dejan ver el caserío de Jimena y las lomas de olivar. El firme cambia: el carril da paso a una senda pedregosa, con tramos de roca y raíces donde conviene asegurar la pisada. Avanzamos siguiendo los postes direccionales, primero en ligero ascenso para atravesar el pinar y, al salir a ladera abierta, se inicia un ascenso más exigente hacia Los Caracoles, antigua cantera donde aún asoman frentes de extracción y bloques dispersos que recuerdan aquel oficio.
Km. 3,3
Al coronar el repecho aparece un banco de madera junto al trazado, lugar perfecto para recuperar el aliento y contemplar las vistas: al frente se recorta el Aznaitín; hacia el sur asoman las cumbres principales de Sierra Mágina y, a la izquierda del horizonte, los olivares de Bedmar se extienden como un mar ordenado. Retomamos la marcha con un giro a la izquierda, enlazando un tramo donde el camino atraviesa un lapiaz: sorprendente formación geológica, calizas surcadas por el agua que, con el tiempo, han quedado fisuradas y talladas en aristas y canalillos; la roca aflora a la superficie y obliga a colocar bien el pie. El firme pasa a roca desnuda con pasos de tierra, la pendiente es corta pero exigente, y conviene evitar meter el calzado en las grietas y no precipitar la marcha, sobre todo si el terreno está húmedo. Superado el tramo kárstico, continuamos guiados por la señalización. El camino continúa orientado hacia Los Caracoles.
Km. 3,7
Llegados a este punto se alcanza el paraje de Los Caracoles, antiguo enclave cantero hoy integrado en el paisaje. A ambos lados asoman frentes de extracción y muros de piedra que recuerdan el oficio: bloques cortados, escombreras antiguas y huellas de herramienta que el tiempo va cubriendo. El sendero de tierra y roca continúa bien marcado; se asciende con decisión, entre claros que dejan ver, por momentos, el caserío de Jimena. Conviene ajustar el paso en los tramos con piedra suelta, pero el avance es cómodo si se mantiene un ritmo regular. Se sigue la señalización y se gana, poco a poco, la loma donde se alza la Cruz de la Atalaya.
Km. 4,8
Al coronar, la Cruz de la Atalaya ofrece un descanso natural y un mirador amplio: Jimena queda en primer término, el Aznaitín se impone hacia el sureste y, al fondo, se recortan las cumbres de Sierra Mágina sobre un mar de olivos. Es un buen lugar para sentarse, recuperar el aliento y reconocer el paisaje. Desde la cruz se toma el sendero a la derecha (oeste) y comenzamos a bordear la antigua cantera, que nos marca el sentido hacia el sur. El firme alterna roca aflorante y pasos terrosos, con algún tramo de cornisa fácil donde conviene no apurarse ni acercarse al borde; la senda está clara y señalizada. El relieve presenta suaves ondulaciones, sin rampas pronunciadas, En la bajada, el sendero se adentra en manchas de pino carrasco que alternan claros y sombra; en los meses cálidos se agradece el respiro bajo copa mientras bordeamos la cantera y retomamos el rumbo sur.
Km. 5,3
Siguiendo las señales del sendero, se gira a la izquierda y se toma rumbo este. La vereda, de tierra y roca, avanza con suaves ondulaciones entre pino carrasco y claros que dejan respirar el paisaje. El avance es cómodo si se mantiene un paso regular. En los meses calurosos se agradece la sombra intermitente del pinar. Poco a poco, la masa forestal se abre y aparecen los primeros bancales de olivar, anuncio de la linde que alcanzaremos a continuación.
Km. 5,6
En la linde del olivar, el trazado gira suavemente y bordea las fincas por un paso de tierra firme y piedra menuda. La vista se ensancha hacia el piedemonte de Jimena; enfrente, sobre una leve altura, asoman las ruinas del Cortijo del Lanchar, memoria de la vida agraria ligada al aprovechamiento tradicional de esta zona. Se avanza paralelo a los olivos, siguiendo la señalización, hasta conectar con un camino más marcado.
Km. 6
Se toma el camino poco marcado que desciende con pendiente amable hacia el sur. La traza es y pedregosa, con rodadas difusas, pero se sigue bien si no se precipita la marcha. Entre olivos dispersos reaparecen manchas de pinar que aportan sombra a ratos. Tras unos minutos, el carril enlaza con la pista principal.
Km. 6,2
Al enlazar con el camino principal, usted gira a la izquierda (oeste) y se continúa por carril. El trazado entra en descenso progresivo entre olivares y rodales de pinar. El firme es cómodo, aunque puede aparecer grava suelta en las curvas: conviene ajustar el paso. Se avanza hasta el cruce donde, en la subida, se abandonó esta pista para adentrarse en el pinar: aquí se cierra el lazo circular y se recupera el eje de regreso.
Km. 7,2
Se reconoce, a la derecha, el desvío del sendero por el que antes se accedió al Pinar de Cánava; en este punto se sigue recto por la pista descendente. La pendiente es suave y constante, con firme regular que permite mantener ritmo sin esfuerzo. Entre claros, la vista vuelve a abrirse hacia la Serrezuela de Bedmar y el caserío de Jimena, ya cercano. Los últimos tramos a la baja enlazan tierra compactada con pasos terrosos junto a muros de piedra y bancales, anunciando el retorno al entorno de la ermita.
Km. 8,9
La pista desemboca en la vía asfaltada y, con un breve descenso final, se alcanza de nuevo la Ermita de la Virgen de Cánava, punto de partida y cierre del circuito. Recuerde devolver la llave de la Cueva de la Graja en la gasolinera contigua (o en el Ayuntamiento, según disponibilidad). Queda así completado un recorrido variado y bien señalizado, que combina asfalto local, senda entre pinos y pista forestal, con ascensos moderados y un regreso cómodo entre pinar y olivar, siempre con la sierra como horizonte.