Km. 0
Usted arranca junto al Centro de Visitantes de Mata Bejid, buen lugar para dejar el vehículo y tomar referencias del Parque. El arranque cruza el área recreativa por el paseo central y, al fondo, atravesamos la puerta que abre el paso en dirección noreste. A la vista quedan las reproducciones de chozos de pastores, levantadas por el voluntariado, que recuerdan los usos ganaderos del monte. El sendero señalizado toma la izquierda y se encamina entre encinas y pinar joven; el firme de carril, con tramos de piedra menuda, permite avanzar con ritmo en una subida muy suave que calienta las piernas sin exigir.
Km. 0,8
A los pocos minutos asoma el Cortijo del Peralejo, todavía activo, donde a veces se oye el ganado y el trajín de las majadas. El camino mantiene la media ladera y la pendiente se mantiene suave; si se detiene un instante, se adivina la loma que bajaremos más tarde y, arriba, el perfil quebrado de los calizos de Mata Bejid. Es un buen punto para ajustar el paso y seguir el hilo de la vereda entre claros de matorral aromático tan característico de la vegetación mediterránea.
Km. 1,2
Continuamos hacia el oeste, siempre en media ladera, dejando a la derecha las paredes calizas que custodian el valle. En ellas se ha equipado una vía ferrata reciente, con puentes y pasos aéreos que llaman la atención al alzar la vista. El sendero se estrecha por momentos y el firme alterna tierra y afloramiento rocoso; conviene colocar bien la pisada en las curvas y respetar las balizas. La traza mantiene su progresión ascendente, regular, mientras el bosque abre ventanas a las umbrías de Mata Bejid y anticipa los siguientes cambios de rumbo del recorrido.
Km. 1,7
El sendero avanza en media ladera hacia el oeste, con firme de tierra y roca viva, antiguo camino de herradura con muretes de piedra, bien marcado entre encinas y matorral. Al margen bajo de la traza, casi oculto por la vegetación, se abre la Cueva de la Solana, pequeña cavidad ligada al mismo paredón donde se equipa la ferrata. Es un alto breve para mirar con calma: un pequeño abrigo kárstico labrado en calizas jurásicas. La boca, orientada a la solana (sur–suroeste), respira aire fresco y alrededor se reconocen lapiaces y fisuras de disolución, típicos del karst de Mágina. No hay constancia de arte rupestre auténtico: lo que se ve en sus paredes son pinturas modernas (imitaciones), documentadas por inventarios locales. Retomamos la marcha manteniendo la cota, con pendiente suave y algún zigzag corto que ayuda a ganar metros sin esfuerzo.
Km. 3,4
La vereda se estira entre claros y, poco a poco, pierde su carácter de senda. En el Km 3,4 desemboca en una pista forestal. Se gira a la izquierda (norte) en dirección al Castillo de Mata Bejid. El avance se vuelve más cómodo y regular. La pista serpentea entre manchas de pinar, encinas y quejigos, con vista intermitente a los lapiaces superiores. Buen tramo para afianzar ritmo y dejar que el bosque marque el compás.
Km. 3,8
Un repecho corto conduce a la era de piedra bajo el Castillo de Mata Bejid, restos de la fortificación medieval que guardaba el paso entre la campiña del Guadalbullón y las umbrías altas de Mágina. Aquí aún se reconocen el empedrado circular y los muros de piedra seca que cerraban el corral. Alrededor, la casería dispersa —cortijillos, paratas y viejos apriscos— habla de un monte trabajado a diario: pastoreo, leñas, pequeñas huertas al hilo de las fuentes y veredas que hoy seguimos a pie. La panorámica compensa la subida. Se camina por una dehesa poco frecuente en alta montaña. La dehesa —paisaje abierto de encinas y quejigos intercalados con pasto de montaña y arbusto mediterráneo— se desarrolla sobre todo a cotas bajas y medias, donde la encina domina y la montanera rinde mejor; de ahí la singularidad de encontrar una dehesa bien formada a alrededor de 1.100 m (Mata Bejid), umbral más frío y de suelos más someros. En primavera asoman tomillos, salvias y espliegos; en otoño, la cornicabra enciende las umbrías con tonos rojizos. En altura pueden cruzar águila calzada o culebrera. Al este, las calizas muestran lapiaces y paredones que explican el carácter kárstico del entorno. Es un alto perfecto para leer el paisaje —frontera, trabajo y monte— y tomar aire. Mejor no entrar en los restos de la fortificación: hay zonas inestables; la era ofrece la mejor panorámica con seguridad. Desde aquí se retoma la pista con pendiente suave, dejando el castillo a la derecha y el mosaico de dehesa como telón de fondo.
Km. 6,9
La pista gana metros progresivamente, con tramos de pista y algún tramo pedregoso donde conviene moderar el ritmo. A la izquierda asoman los restos del Cortijo de Los Prados, antiguo núcleo agro-ganadero ligado al aprovechamiento de pastos y a las veredas del puerto; unos metros por encima mana la Fuente de Los Prados, un rezume que alimenta una pila-abrevadero aún utilizada por el ganado. El caudal es estacional: corre con holgura tras lluvias y nieves y en verano suele mermar. La cuenca visual se abre hacia las cumbres que guían la jornada: a la derecha se levanta la Peña de Jaén (2.147 m) y, al frente-izquierda, el Almadén (2.036 m); entre ambas se insinúa el Puerto de la Mata (1.669 m), collado por el que cruzaremos la divisoria. Este tramo coincide con el GR-7, la balización correspondiente confirma el rumbo mientras la pista serpentea en ascenso progresivo, sin rampas extremas.
Km. 9,6
La pista forestal se abre en dos. Tomamos izquierda hacia el Puerto de la Mata (nuestro objetivo por la vertiente sur). El ramal derecho baja hacia el Caño del Aguadero y el Área Recreativa de Cuadros (Bedmar), alternativa tentadora si se busca un desvío, pero fuera del itinerario. El firme se mantiene regular, con pendiente que afloja por momentos; el bosque cierra filas y el ambiente se vuelve más fresco, señal de que el collado está cerca.
11,2
Alcanzamos el Puerto de la Mata, punto de inflexión del recorrido. Finaliza el ascenso por la cara sur y comienza el descenso por la norte en dirección a Fuenmayor. Aquí el paisaje cambia con claridad: la vertiente se vuelve más fresca y arbolada, el pinar se cierra en las umbrías y el sotobosque gana presencia; en el fondo del valle, el curso de Fuenmayor discurre entre chopos y fresnos, anunciando la bajada hacia Torres. A mano izquierda se yergue el Almadén (2.036 m), inconfundible por las antenas de su cima. El camino invita a soltar piernas, pero la piedra suelta en las curvas aconseja mantener una marcha controlada; seguimos las marcas del GR-7, que continúan fieles en esta transición de ladera.
Km. 11,8
La pista continúa en descenso suave por pinar a través de un firme con alguna piedra suelta. A mano izquierda aparecen un pequeño refugio de pastores y la Fuente–abrevadero de Hoya Lino, una surgencia de ladera que alimenta un pilón junto al camino: lugar perfecto para tomar aire. El caudal es estacional: responde bien tras lluvias y nieves y disminuye en verano. La sombra del pinar hace la parada agradecida antes de seguir valle abajo.
Km. 13,4
La pista se bifurca. Tomamos la izquierda, manteniendo la traza principal que sigue coincidiendo con el GR-7. El bosque alterna umbrías cerradas con claros de pastizal; el perfil es ondulado, con tendencia a perder altura sin pendientes exigentes.
Km. 14,7
Aquí dejamos el GR-7 y seguimos izquierda en dirección a Fuenmayor. El camino, aún pista forestal, inicia un descenso más continuo; entre curvas empiezan a sentirse el fresco y el murmullo del agua en el fondo del valle. Atención a algún tramo de rodadura y piedra suelta que nos invita a moderar el ritmo.
Km. 15,2
El sendero regresa al paraje del Zurreón; a la izquierda, el salto se insinúa entre la vegetación. La cascada es intermitente: aunque el manantial fluye todo el año pero con muy poco caudal; el salto solo aparece tras lluvias cuantiosas y, en inviernos fríos, puede llegar a congelarse. Es una parada corta, de disfrute tranquilo junto al camino, antes de retomar el descenso continuo hacia Fuenmayor, que ya sentimos cercano en el fondo del valle.
Km. 16,7
La pista nos deja en Fuenmayor, su área recreativa nos invita a revisar la jornada y disfrutar de un merecido descanso. Al murmullo y frescor del manantial damos por finalizada la ruta.