Museo de la Batalla de Bailén

Parajes singulares

C/ Pérez Galdós, 19. 23710, Bailén Cómo llegar

El día 19 de julio de 1808 se produjo la primera derrota del ejército imperial francés. El general de división Pierre Dupont, al mando del segundo cuerpo de observación de la Gironda, tras un largo día de continuos ataques infructuosos, marcado por el calor y la falta de agua, se rindió ante el ejército organizado por el Capitán General de Andalucía, Francisco Javier Castaños. La capitulación, que se firmó en una casa de postas entre Bailén y Andújar, en las proximidades de Villanueva de la Reina, supuso un hecho decisivo en el posterior desarrollo de la Guerra de la Independencia, con repercusiones políticas, económicas y militares.  
La localidad ofrece al visitante la posibilidad de conocer en profundidad este enfrentamiento a través de un museo dedicado a la batalla, en el marco de la Guerra de Independencia, a través de una interesante exposición permanente, exposiciones temporales, archivo, actividades culturales y publicaciones. Bailén, además, lleva a cabo actos conmemorativos de la batalla, así como una recreación histórica de la batalla, representada por diferentes grupos y asociaciones locales.

Información

Horario

Invierno (octubre a mayo): miércoles, viernes, sábados y domingos. De 10:00 a 14:00 h y de 17:00 a 20:30 h.

Verano (junio a septiembre): miércoles, viernes, sábados y domingos de 10:00 a 14:00 h y de 18:30 a 22:00 h.

Bailén cuenta con un museo dedicado a la batalla librada en sus inmediaciones. Su visita permite al viajero conocer más acerca de este episodio, clave en la historia contemporánea de España. 

La exposición permanente del museo se estructura en varios espacios temáticos a través de cuatro plantas. En ellos se propone una aproximación histórica a los hechos de la Guerra de la Independencia, a través de un recorrido por los seis años de contienda y sus consecuencias.

La aproximación a la evolución de la Batalla se desarrolla a partir de los puntos de vista de ambos bandos, español y francés. En relación con los contendientes se puede contemplar una colección de reproducciones de los uniformes de ambos ejércitos y diferentes objetos como botones de uniformes, armas, monedas o escritos inéditos. Se completan estas colecciones con audiovisuales donde se narran detalles biográficos de los protagonistas de la Batalla de Bailén: El General Castaños, el General Reding, el general Dupont o María Bellido.

Destaca en la exposición una maqueta-croquis del campo de batalla, con cerca de 1.000 soldados de plomo en miniatura pintados a mano, sobre la que se proyecta una audiovisual con las fases más destacadas de la misma. La maqueta es una cesión del Museo del Ejército. 

El visitante puede conocer también Bailén en una sala arqueológica que muestra la narración secuenciada de su historia, su patrimonio natural, así como su potente industria alfarera.

La localidad conmemora en el mes de julio la batalla con un acto en el que participan autoridades civiles y militares, mientras que en octubre tiene lugar, cada dos años, una recreación histórica de la batalla por parte de diferentes grupos y asociaciones.

En base al Tratado de Fontainebleau, que permitía a Napoleón atravesar España, el 18 de octubre de 1807 el general francés Junot entra en España con cien mil hombres, al frente de los cuales situó Napoleón al general Murat. Sin embargo, sus intenciones eran ocupar el país, colocando en el trono de España a su hermano José I tras el Motín de Aranjuez, acontecido entre el 18 y el 19 de marzo de 1808. El posterior levantamiento en Madrid del 2 de mayo de 1808, reprimido con fuerza por el general Murat, iniciará la guerra de Independencia.

En la primavera de 1808 el ejército español puede considerarse totalmente desarticulado, habiéndose producido un colapso total de la estructura militar. En Andalucía, la Junta Suprema Provincial de Sevilla organizó un ejército, bajo el mando del General Castaños, con profesionales y voluntarios civiles, a los que se sumó el refuerzo procedente de Granada al mando de Teodoro Reding. Pese a ello, la caballería del ejército francés era muy superior a la española, sin embargo, la infantería lo era por parte del español, contando además con una mejor adaptación a las duras condiciones ambientales, que influyeron de manera trascendental en el enfrentamiento. A esta situación habría que añadir, la ventaja que obtuvo la artillería española se debió al posicionamiento estratégico de sus baterías, superioridad que resultaría fundamental en el desarrollo de la Batalla de Bailén.

El 23 de mayo, Napoleón ordenó a Murat que el segundo cuerpo de Observación de la Gironda, al mando de su general, Dupont, partiera de inmediato, para proteger y rescatar la escuadra del almirante Rosilly, bloqueada por los ingleses en Cádiz.

Las tropas bajo su mando estaban compuestas por la 1ª división de infantería del general Barbou, con las brigadas de los generales Chabert y Pannetier; la Brigada suiza a las órdenes del general Rouyer; la división de caballería del general Fressia con la brigada de cazadores del general Dupré y la brigada de dragones y coraceros del general Privé; artillería e ingenieros y finalmente una división al mando de Vedel.

El 2 de junio, una vez atravesado Despeñaperros, Dupont llega a Andújar, desde donde partirá hacia Córdoba, saqueándola tras vencer a un pequeño ejército de unos tres mil voluntarios que le salió al paso el día 6 en Alcolea. Ante la noticia de la rendición de Rosilly en la bahía de Cádiz, unido a las informaciones que le llegan de la concentración de un poderoso ejército al sur de Sevilla, decide volver nuevamente a Andújar donde se le une la división de Gobert, a la espera de la llegada de Vedel. El 11 de julio, las tropas del general Castaños llegaron a Porcuna, donde se le unieron las enviadas por la Junta de Granada. El plan de Castaños consistía en crear una maniobra envolvente para cortar la posibilidad de retirada del adversario.

El día 15, Castaños llegó a las inmediaciones de Andújar. Coupigni expulsó al destacamento galo de Villanueva de la Reina, mientras que Reding amenazaba a las tropas francesas de Vedel que guardaban los vados del Guadalquivir en Mengíbar, ante lo cual Vedel emprendió un ataque contra Mengíbar, siendo rechazado por Reding. Éste, a su vez, atravesó el Guadalquivir con su división, lanzando una ofensiva contra Vedel, a la vez que lograba rechazar una carga de la caballería francesa. Tras la victoria se replegó a Mengíbar, lo que confundió a Dufour, quien supuso que el objetivo de los españoles era cortar las comunicaciones francesas en Despeñaperros, tomando la decisión de dirigirse hacia el norte y dejando Bailén desguarnecido.

Por su parte, Dupont, que ignoraba esta decisión, ordenó a Vedel que se uniera a Dofour en Bailén, quien, al no encontrarlo allí prosiguió la marcha hacia el norte, acampando también en La Carolina y Santa Elena. La ausencia total de tropas francesas en Bailén que protegieran su retirada, obligó a Dupont a replegarse camino de Bailén, pero Reding y Coupigni ya habían acampado en las afueras de la localidad, con la idea de descender hacia Andújar en cuanto amaneciera y atacarle.

El 19 de julio de 1808, sobre las tres de la madrugada, se produce el primer enfrentamiento entre las tropas de vanguardia de Dupont, que subían hacia Bailén y las de Reding, que se disponían a bajar a Andújar, marcando el inicio de la batalla. 

El general Chabert, al mando de la vanguardia de Dupont, lanzó una carga contra las líneas españolas sin aguardar la llegada del grueso del ejército, siendo rechazado por la artillería de Reding. 

Dupont, presionado por la inminente llegada del ejército de Castaños, decidió romper las líneas españolas ante la posibilidad de verse atenazado por el enemigo, sin esperar la llegada de su propia retaguardia con sus mejores tropas (caballería, artillería y los efectivos suizos). Con este fin, lanzó su ataque alrededor de las 5 de la madrugada, interviniendo la brigada Chabert y la brigada de caballería de Privé, pero la artillería decantó la balanza en favor del bando español.

Al amanecer, respaldado por los regimientos suizos y las tropas de retaguardia, Dupont lanzó su tercer ataque, pero el apoyo de la caballería no fue suficiente para afrontar el fuego de la artillería enemiga, teniendo que replegarse nuevamente. En las horas siguientes se produjeron algunas refriegas que no alteraron la disposición del frente.

El ejército francés comenzó a acusar el desgaste por los continuos ataques y bajas, a lo que se sumaron las altas temperaturas y la falta de agua, produciéndose las primeras deserciones. En el bando español, el desgaste fue menor ya que se limitaron a defender sus posiciones, al tiempo que tuvieron asegurado el aprovisionamiento de agua para beber, así como para refrigerar las piezas de artillería, a través de un continuo abastecimiento, que se llevaba a cabo desde la localidad de Bailén, a donde se evacuaba también a los heridos.

Sobre las doce y media, Dupont lanzó su último ataque contra las líneas españolas fracasando nuevamente por la acción de la artillería de Reding. Una situación que obligó a Dupont a enviar parlamentarios para solicitar la suspensión de las hostilidades y ofrecer su rendición. En este escenario, Reding exigió que la capitulación incluyera a las fuerzas de Vedel y Dufour, a pesar de no haber intervenido en la batalla.

Hacia las tres de la tarde, llegó la división de reserva española, posicionándose a la retaguardia del enemigo, cerrando así la “tenaza” en torno al ejército francés.  Dos horas más tarde, Vedel lograría alcanzar la retaguardia de las tropas de Reding, atacándola y capturando el Cerro del Ahorcado.

Finalmente, con el grueso de sus tropas atrapadas y sin recursos, Dupont ordenó a Vedel que suspendiera el ataque, reanudándose las conversaciones.
Las capitulaciones se firmaron finalmente el 22 de julio, en la casa de postas en que se había establecido Castaños entre Bailén y Andújar, en las proximidades de Villanueva de la Reina.

La victoria de Bailén tuvo importantes consecuencias, puesto que psicológicamente enalteció la moral y el entusiasmo de los españoles, que a nivel general se incrementaría con la resistencia mostrada por los habitantes de Zaragoza y Girona ante los ataques de las tropas francesas. En el plano político se impuso el argumento de la necesidad de instaurar un poder único, acatado por todos, que dirigiera la guerra, aunando y coordinando fuerzas, constituyéndose así la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino. En el ámbito militar se abrió el camino hacia Madrid, provocando que José I, por su seguridad, tuviera que retirarse a Vitoria. Sin embargo, estos episodios y logros, sólo fueron el capítulo inicial de una guerra que duraría 6 años, prolongándose hasta 1814.