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Castillo de La Guardia de Jaén
Monumentos
Calle Zumbajarros, s/n. 23170, La Guardia de Jaén Cómo llegar
El castillo de La Guardia está enclavado sobre el cerro de San Marcos, desde el que controla gran parte del curso del río Guadalbullón, que discurre entre las Sierras Sur y Mágina. La fortaleza está formada por un recinto amurallado de planta triangular, que configura una superficie de unos 9.000 m2, en el que destacan el alcázar y la iglesia de Santa María. Convertida en residencia nobiliaria de la familia Mexía entre los siglos XV y XVI, recibe al visitante con una interesante portada de estilo gótico, con los escudos de armas pertenecientes a la familia de los Messía-Guzmán y al Marqués de Algaba.
La Guardia tiene su origen en Mentesa Bastia, un oppidum ibérico que alcanzó su máximo esplendor en época romana por su estratégico emplazamiento. Desde entonces ha estado ocupada ininterrumpidamente. Entre los siglos VIII y IX, Mantisa llegó a ser capital de la Cora de Ŷayyān, bajo la tutela de los dirigentes de la tribu árabe de los Uqaylíes. En la Baja Edad Media actuó como fortaleza fronteriza, encargada de la primera defensa de Jaén, hasta la conquista de Granada, cuando pierde su importancia militar.
Información
En el lugar donde hoy se asienta el Castillo, las investigaciones arqueológicas han documentado la existencia de un recinto defensivo o hisn atribuido a los siglos VIII y IX, que aprovecha elementos defensivos erigidos en época ibero-romana. Ubicado en un espolón rocoso en la parte alta del cerro, de este primer periodo, se han documentado algunos lienzos de muralla y una torre de cierta envergadura emplazada en la esquina sureste del recinto defensivo.
Pero será en épocas almorávide y almohade cuando se amplía y refuerza la cerca muraría que delimitaba el antiguo asentamiento, levantando un nuevo cinturón de murallas que amplía la antigua zona fortificada hasta ocupar casi la totalidad de la meseta. Este recinto es el que se conserva hoy en día, aunque reformado en época cristiana y al que se accedería por su lado este. Al mismo tiempo, en el punto más elevado del cerro, ocupando el extremo occidental de este recinto, se construye un alcázar, reaprovechando elementos defensivos ibero-romanos, y adaptando su planta rectangular a la base geológica, del que tan sólo se conservan algunos restos de muralla, así como parte de un aljibe.
Tras la conquista castellana, Fernando III concede la villa de La Guardia en Señorío a la familia Ruiz de Baeza, que iniciará las obras de refuerzo del antiguo sistema defensivo de la fortaleza, por su proximidad con el reino Nazarí de Granada.
En estos momentos, se mantiene el acceso al interior del recinto en su lado este, transformándolo para conformar un sistema de puerta en codo, insertada dentro de una amplia estructura rectangular, a partir de la cual se accedería al interior del amplio recinto defensivo, de la que apenas quedan restos. Se construirá también un edificio de culto de una sola nave y cabecera absidal, que aprovecha el interior de la única bestorre edificada en el primer recinto defensivo.
Sin embargo, las transformaciones más profundas se acometen en el Alcázar islámico, cambiando por completo su fisonomía original. El primitivo alcázar se transforma en un Castillo de planta rectangular dotado de torres en sus esquinas, configurándose una de ellas como la Torre del Homenaje, de mayores dimensiones que el resto. En el patio de armas se definen dos espacios, una zona dedicada para el aljibe, reutilizándose y ampliándose la capacidad de la cisterna islámica, y otro espacio convertido en el patio de armas que dará acceso a las torres. De los elementos fortificados preexistentes, una torre circular y otra cuadrangular que ocupaban el sector oriental, se las dotarán de nuevas estancias superpuestas, concretamente la circular, presenta vanos enfrentados en la primera estancia para facilitar la comunicación con las otras torres por los adarves.
Tras la Guerra Civil Castellana del siglo XIV, La Guardia pasará a formar parte de las posesiones del linaje de los Mexia y el castillo se convertirá en residencia nobiliaria, lo que supuso una gran reforma del edificio medieval, que se dota de elementos y dependencias palaciegas.
El edificio religioso existente se amplía, conformando la Iglesia de Santa María, un templo de planta rectangular, con tres naves y ábside semicircular, construido con grandes sillares de piedra unidos con mortero de cal y argamasa. Entre el ábside y la puerta de entrada al recinto se construye en el siglo XVI una torre campanario, de tres niveles, con una cubierta de tejas con forma de escamas de pez, de cerámica vidriada de diferente tonalidad (azul, verde, blanco…).
Por otra parte, adosados al lienzo de muralla Este y en dirección Norte-Sur, construyen diferentes edificios, destinados a zona de servicio, con habitaciones sótano utilizadas como bodegas, sobre las cuales se disponen cocinas y almacenes.
La entrada principal de acceso al recinto, se transformará a mediados del siglo XV, creándose una portada de estilo gótico, elaborada con sillarejo y compuesta por dos arquillos escarzanos que confluyen en el centro en una moldura, apoyándose en jambas a modo de medias columnas. Presiden la portada los escudos de armas pertenecientes a la familia de los Messía-Guzmán y al Marqués de Algaba.
El alcázar cristiano también se verá seriamente modificado, convirtiéndose en un área palatina o residencial. Para ello, se utilizará la Torre de Homenaje como área de representación de poder, ampliando y añadiendo vanos de iluminación y acceso. La torre rectangular se convertirá en la sala de cocina, y la cuadrada, será transformada en salón. El patio de armas se reducirá considerablemente y se inutilizará uno de los aljibes. En el lado Norte, por último, se levantará un nuevo edificio con el nivel inferior funcionando como zona de bodega y almacén y el superior como zona de corredor y acceso hacia las torres Cuadrada y del Homenaje.
Entre los siglos XVII y XIX, aunque aún se producen pequeñas modificaciones, el conjunto defensivo sufrirá un abandono generalizado, lo que provocará un progresivo deterioro de su estado de conservación, que determinará el traslado de la parroquia al antiguo convento dominico en 1860. Desde mediados del siglo XX se está interviniendo activamente en la fortaleza para su puesta en valor, siguiendo criterios más o menos acertados.
La ocupación del entorno de La Guardia se remonta a la Prehistoria, habiéndose encontrado una tumba de túmulo y multitud de restos líticos y cerámicos.
En época Ibérica, La Guardia, se identifica con un oppidum, Mentesa Bastia, cuya importancia se refleja en la necrópolis del Ejido de las Eras de San Sebastián, donde se estudiaron alrededor de 30 tumbas de diferente tipología (fosas excavadas en la roca, cistas y cámaras con urnas de cerámica donde se depositan las cenizas, acompañadas de ajuares).
Tras la romanización, alcanzó su máximo esplendor como Municipio encargado de controlar la circulación tributaria del excedente, ya que será una etapa obligada de paso en la calzada romana que discurría desde Acci (Guadix) a Cástulo y Aurgi (Jaén), y de organizar la ocupación rural. La ciudad desbordó los límites del recinto ibérico, extendiéndose por la vertiente este en dirección al río, ocupación de la que se han encontrado multitud de vestigios en todo el casco urbano. Este hábitat se prorrogará en época visigoda, durante la que fue sede episcopal y perteneció a la provincia Cartaginense.
De los siglos VIII y IX, en los que Mantisa llegó a ser capital de la Cora de Ŷayyān, han llegado alusiones a la inexpugnabilidad de sus defensas y a su posición estratégica, desde la que se controla gran parte de la campiña giennense y las vías de comunicación que enlazaban el Valle del Guadalquivir con las tierras granadinas. En la localidad se estableció la tribu árabe de los Uqaylíes, a la que pertenecía Husayn ibn al-Dayn al-Uqayli, jefe de los Yund de Qinnasrin que fue nombrado gobernador de la Cora por Abd al-Rahman I.
La crisis del emirato generó una situación de inseguridad en las zonas rurales, lo que llevó al poder central a reforzar las defensas de muchos lugares, tanto para concentrar y proteger a la población campesina, como para facilitar el control fiscal. Esta pudo ser la causa de la fortificación de La Guardia, cuyas murallas pudieron ser levantadas por Uqaylies para asegurar del cobro de impuestos procedentes de las cosechas.
Almorávides y Almohades serán los encargados de frenar el avance conquistador cristiano reforzando las defensas de las ciudades, entre ellas La Guardia.Las estructuras más significativas se edificarían entre los siglos XI-XII, levantándose un nuevo cinturón de murallas, que amplía la antigua zona fortificada hasta ocupar la mayor parte de la meseta, protegiendo el núcleo de población, y construyendo un alcázar en su extremo occidental.
Tras la conquista castellana de la ciudad en 1244, Fernando III concede la villa de La Guardia en señorío a la familia Ruiz de Baeza iniciando una profunda reforma y reestructuración de la fortaleza dada su proximidad con el reino de Granada, convirtiendo el castillo en guarnición avanzada de Jaén.
Durante el siglo XIV, La Guardia, se forjará como parte de un señorío de la esposa de Fernando III, Juana de Pontheu. En el marco de las guerras civiles entre Enrique II y Pedro I, el señor de La Guardia, D. Lope Díaz de Baena, permaneció fiel al Rey, por lo que, tras la guerra, perdió su posesión, entregándosela a Pedro Ruiz de Torres. El lugar cambiará de manos en varias ocasiones, hasta que en 1374 se le otorgará a Ruy González Messía, cuya familia transformará el castillo en una residencia palatina entre los siglos XV y XVI.
LEYENDAS
La princesa de La Guardia. Tras ser conquistado por los cristianos, y antes de que pasara a manos del marqués de Messía, el castillo de La Guardia, quedó en manos de un rey que llegó a ser famoso por su autoritarismo y crueldad. El monarca tenía una hija que se enamoró perdidamente de un humilde soldado de la guardia real y con el que se veía en secreto por el camino que llevaba a las huertas, junto a las murallas del castillo. Pero enterado el monarca de la relación mandó ejecutar al joven soldado. La princesa, rota de dolor, se arrojó al vacío desde la torre de la alcazaba.
El rey, por dolor o por despecho, metió en un baúl todas las pertenencias de la princesa y lo enterró cerca del camino que recorrían los jóvenes en sus paseos nocturnos. Se dice que existe un maleficio que impide que los dos amantes se reúnan en el otro mundo mientras el baúl sigua enterrado. Por ello el espectro de la princesa todavía custodia el camino a la espera de que alguien lo encuentre y la libere de su encantamiento.