Programa
- Son las fiestas en honor de su patrón. Comienzan la noche anterior en la plaza de la iglesia donde se queman los llamados “Castillos del Santo”, levantados con madera de pino. Alrededor de las hogueras se canta, baila, e incluso hay quien se atreve a saltar las llamas y rescoldos.
Se conserva la tradición desde tiempo inmemorial de “servir al santo”, bien por cumplimiento de una promesa o por un voto penitencial.
Un sorteo adjudicará los llamados “cargos” de Capitán, Abanderado y Guinche, los cuales quedarán obligados a organizar una fiesta en sus respectivos domicilios, y a vestir los llamativos trajes que le son propios, inspirados en los uniformes de gala del ejército en el siglo XVIII. Así ataviados, acompañarán al Santo en la procesión al son de un tambor. Terminada la función religiosa el Abanderado muestra su habilidad en el manejo malabar de la bandera e invita a otras personas a hacer lo mismo.
También es tradición ofrecer a San Silvestre unos enormes “roscos de baño blanco” dulce de reminiscencias moriscas, que son obsequiados por los “cargos” y vecinos que tengan promesa de hacerlo. Al día siguiente se subastan y lo recaudado se dedica a las necesidades de la parroquia.
Por la noche se hacen hogueras en la plaza de la Iglesia y se degusta la “cuerva” (bebida hecha con vino, azúcar, agua y frutas) que el Ayuntamiento ofrece a los asistentes.