Castillo de la Yedra

Camino Ángel, s/n. 23470, Cazorla Cómo llegar

El Castillo de la Yedra o de las cuatro Esquinas es uno de los dos conjuntos fortificados que se conservan en el cerro de Salvatierra, sobre el que se asienta la localidad de Cazorla. En la cúspide se ubican los restos del castillo de las Cinco Esquinas o de Salvatierra, mientras que el de la Yedra se levanta sobre un espolón que se alza en la vertiente norte del cerro. La fortaleza que actualmente corona la localidad es una construcción de los siglos XIII y XIV que se levantó sobre una fortificación de origen musulmán, del siglo XI o XII. La conforman tres recintos diferenciados dispuestos en terrazas: albacara, recinto medio y alcazarejo. El más elevado y tardío es el alcazarejo, sobre el que domina una gran Torre del Homenaje que acoge el museo de artes y costumbres populares del alto Guadalquivir.
La sierra de Cazorla es un espacio natural situado en el noreste de la provincia de Jaén, siendo uno de los mayores espacios protegidos de Europa. El borde suroeste de la sierra constituye una gran muralla natural a lo largo de la cual se disponen una serie de fortalezas y torres defensivas encadenadas entre las que destacan los castillos de Cazorla. La localidad de Cazorla tiene su origen en un primer asentamiento musulmán que surgió en las inmediaciones y al amparo de un hisn, o pequeña fortificación, que actuaría como lugar de refugio de las poblaciones campesinas que habitaban en su entorno más inmediato. Tras la conquista cristiana, su estratégico emplazamiento la convirtió en un importante enclave militar del Adelantamiento de Cazorla durante la baja Edad Media, bajo la autoridad del arzobispado de Toledo, en el que Cazorla actuó como sede política de los regidores.
En 1972 la ciudad de Cazorla fue declarada Conjunto Histórico-Artístico, en cuya declaración se incluyeron sus fortalezas y alrededores.

Información

Horario

Horario de invierno (de septiembre a junio)

  • De martes a sábado, de 10:00 h. a 13:15 h. y de 16:00 h. a 19:15 h.
  • Domingos y festivos, de 10:00 h. a 13:15 h.
  • Lunes: cerrado

Horario de verano (julio y agosto)

  • De martes a sábado, de 9:00 h. a 13:15 h.
  • Domingos y festivos: de 9:00 h. a 13:15 h.
  • Lunes: cerrado

Cerrado: 1 de enero, 1 de mayo y 25 de diciembre

El Castillo de la Yedra, o de las cuatro Esquinas, se encuentra en un espolón lateral del Cerro de Salvatierra, en cuya cima se ubica el Castillo de las Cinco Esquinas, ocupando un elevado emplazamiento sobre el núcleo urbano de Cazorla. Por su parte, el Castillo de la Yedra conforma un conjunto amurallado formado por una serie de recintos escalonados que se adaptan a los distintos niveles del terreno en que se asienta. En la actualidad se pueden distinguir tres recintos diferenciados que ascienden por la ladera noreste del cerro: la albacara, el recinto medio y el alcazarejo, comunicados mediante caminos con rampas y escaleras que salvan una disposición aterrazada. 

De época musulmana es la albacara de tapial, que formaría parte de una primera fortificación que ocuparía los niveles más altos de la actual fortaleza. En su interior, se conservan los restos de un aljibe y una alberca adosados. Este recinto era de tapial calicastrado al que en época cristiana se le añadieron torreones de sillería. El acceso a su interior se localiza en su flanco este, una puerta con arco apuntado sobre el que se dispone otro de medio punto con una función de descarga, fue construida entre los siglos XII y XIII. A su fachada exterior se le añadió con posterioridad el escudo de la familia Bernardo de Sandoval y Rojas y la fecha de 1606.

Prácticamente embutido en la albacara o recinto exterior, que lo rodea casi por completo excepto por el sur, ocupando la zona más escarpada, se encuentra el recinto medio. A este se accedía desde la albacara a través de una especie de bastión que dificultaba el acceso. Tiene una distribución en terrazas conectadas entre ellas a través de caminos con rampas y escaleras. 

En la segunda mitad del siglo XIII los conquistadores cristianos mejoraron estas defensas, para lo cual emplearon mampostería y ladrillos, reforzando elementos ya existentes y construyendo otros nuevos, como el alcazarejo o los torreones de sillería que se añadieron al muro de la albacara. 

El alcazarejo se comunicó con el recinto a través de un acceso estrecho y tortuoso, situado en la zona suroeste, que asciende por una rampa con tramos de escalones. Ocupa el lugar más elevado, delimitado por un recinto amurallado de trazado irregular que rodea la Torre del Homenaje y un patio de armas, y que se adapta a la forma del espolón rocoso en que se asienta. La construcción combina la mampostería y el tapial calicastrado. Al interior de este pequeño recinto se accedía desde el exterior por una entrada en recodo, casi una poterna, que se abre en su lado suroeste. La Torre del Homenaje, de planta cuadrada, con aljibe y tres salas es una de las construcciones más tardías, siendo edificada en el siglo XIV, y en la actualidad acoge el museo de artes y costumbres populares del alto Guadalquivir.

En las inmediaciones de Cazorla se han documentado asentamientos neolíticos en las terrazas inferiores del río Cerezuelo y otros datados entre el Cobre final y el Bronce, en el cerro de la Bola, junto al de Salvatierra.

Posteriormente los romanos se asentaron en esta región, que será conocida como Saltus Tugiensis, llamando a estas sierras Mons Argentarius por las minas de plata que encontraron, habiéndose producido algunos hallazgos arqueológicos de este período dentro del casco urbano de la actual Cazorla.

Las investigaciones arqueológicas realizadas en el Castillo de Salvatierra han identificado los restos de un asentamiento de altura, posiblemente una pequeña aldea que se adapta a la orografía acusada del cerro. Una configuración similar tuvo que tener Cazorla, pero será en durante el periodo de las primeras taifas, pero sobre todo durante el dominio almohade cuando se erijan las primeras estructuras de fortificación en la zona, pequeñas fortificaciones que tenían como función el control del espacio a la vez que actuaban como lugares de refugio para la población campesina de su entorno. Entre los siglos XII-XIII con el establecimiento de la frontera en el Alto Guadalquivir, estos territorios estuvieron sometidos a continuos cambios, convirtiéndose estas fortificaciones, ante la presión de los ejércitos cristianos, en la línea de defensa al sur del río Guadalquivir, teniendo como cometido controlar las vías de comunicación que permitían alcanzar el interior de Andalucía. 

En el año 1231 Fernando III concedió mediante privilegio rodado el señorío de la villa de Quesada, aún por conquistar, a la iglesia de Santa María de Toledo, para que en su nombre la tuviera el arzobispo primado de Toledo, Don Rodrigo Ximénez de Rada. Meses después el arzobispo se lanzó a la conquista de Quesada y de todas las localidades próximas, incluida Cazorla, apoderándose del núcleo central de lo que posteriormente constituirá el señorío del Adelantamiento de Cazorla.

La localidad, a la que don Rodrigo Ximénez de Rada, en su obra De Rebus Hispanae (siglo XIII), se refiere como Castorla, comenzó a tener un papel importante como un lugar estratégico desde el punto de vista militar. A estos momentos pueden corresponder el fortalecimiento del Castillo de la Yedra y la construcción de algunos de los elementos de fortificación del Castillo de Salvatierra o de las Cinco Esquinas. En 1265 figura entre los municipios que integran la hermandad de Andújar. 

A mediados del siglo XIV, durante la guerra civil entre Pedro I y Enrique II Trastámara, Cazorla se mantuvo fiel al rey, mientras que el arzobispo de Toledo apoyaba al bando Trastámara, por lo que, tras el conflicto, el arzobispo concedió el rango de villa a La Iruela que le había sido fiel. Las fortificaciones de Cazorla debieron quedar en muy mal estado y en la primera década del s. XV, se acometieron reformas y se erigió la torre del homenaje del Castillo de la Yedra. Obras que también se llevaron a cabo en la fortificación de Salvatierra en la segunda mitad del siglo XV, especialmente bajo el arzobispado de D. Alfonso Carrillo.

Tras la conquista del reino de Granada a finales del s. XV, el Adelantamiento pierde su función y condición como marca militar, adquiriendo mayor independencia de Toledo.

Durante los siglos XVII y XVIII, los castillos de Cazorla, ya sin función defensiva, vivirán un período de abandono. A principios del siglo XIX con la guerra de la Independencia y ante la invasión francesa, volverán a tomar cierta relevancia, instalándose en el Castillo de la Yedra una guarnición francesa al mando del teniente coronel Navilles. Fue el último conflicto militar en el que participaron las fortalezas de Cazorla, sufriendo a partir de entonces un largo período de deterioro, hasta que entre los años 1973 y 1978 se llevó a cabo la restauración del conjunto del Castillo de la Yedra.

LEYENDAS

Leyenda de La Tragantía. La leyenda cuenta que, ante el inminente ataque de las tropas castellanas, el rey de Cazorla hizo evacuar la ciudad y abandonó el castillo. Conocedor del peligro que entrañaba su retirada y pensando que pronto volvería a retomar Cazorla, decidió que su hija permaneciera en el castillo, oculta en unas cámaras subterráneas cuya antigua existencia sólo él conocía, bien provista de lo necesario para sobrevivir hasta su vuelta. Pero durante la huida, una flecha atravesó el cuello del rey que murió sin poder desvelar el paradero de su hija. Los castellanos tomaron el castillo de Cazorla y sus tierras.

La princesa vagaba por el húmedo subterráneo esperando el regreso de su padre, hasta que comprendió que el mundo se había olvidado de ella. Agotados los víveres se recostó en su lecho acosada por atroces pesadillas. Al despertar notó que sus piernas se habían transformado en una cola de reptil, horrorizada, pasó sus últimos días reptando por el frío sótano mientras su cuerpo fue mudando en serpiente. Así fue como la desdichada princesa se transformó en Tragantía. Desde entonces, en la noche de San Juan la Tragantía canta con una dulce voz:

Yo soy la Tragantía / hija del rey moro, / el que me oiga cantar / no verá la luz del día / ni la noche de San Juan.
Se dice que el monstruo devora a aquellos niños y niñas que, aún levantados, escuchan esta canción.