Km. 0
Iniciamos nuestra ruta en el aparcamiento señalizado junto al quiosco- bar de Fuenmayor y la fuente. Tomaremos la pista de tierra compactada que asciende con suavidad. A medida que ganamos altura, se abre la vista sobre Torres y, al fondo, un rosario de cumbres: Morrón, Aznaitín, Cerro de la Vieja, Castellar y Monteagudo . El ambiente es fresco y umbrío por la cercanía del manantial de Fuenmayor, un manantial frío y generoso que alimenta fuentes y acequias desde hace siglos. El agua nace en la caliza de la sierra y aflora aquí, en torno a 1200m de altitud, marcando el carácter del lugar: sombra, frescor y rumor de corriente en cualquier época del año. En los claros pedregosos y pequeños lapiaces que salpican la ladera — algo por encima de la pista y en los bordes del pinar— aparecen en primavera los cojines espinosos del piorno azul (Erinacea anthyllis) y las matas amarillas del llamado piorno fino (Echinospartum boissieri).
Km. 1,4
Tras algo más de un kilómetro por la pista principal, se alcanza una curva frondosa: la vegetación oculta en parte la Cascada del Zurreón, que delata su presencia por el rumor del agua. Entre roquedo y umbría, el manantial recubre la caliza con travertinos: costras claras y porosas que se forman cuando el agua, cargada de carbonato, aflora, pierde gas y precipita calcita sobre musgos y pequeñas plantas. Es una piel frágil: conviene observar desde el borde del carril y no pisar los resaltes. La cascada es intermitente, aunque el manantial nace todo el año, el salto solo aparece tras lluvias cuantiosas y siempre trae poca agua; en inviernos fríos puede llegar a congelarse, formando una cortina de hielo de gran belleza. El trazado mantiene pendiente suave y, entre respiros del pinar, regresan las vistas de Torres y del Aznaitín, recordando que avanzamos por uno de los balcones clásicos de Sierra Mágina.
Km. 1,9
La pista de tierra compactada mantiene el ascenso suave hasta una encrucijada clara. El ramal derecho sube hacia el Puerto de la Mata y el castillo de Mata Bejid; es una opción montañera que dejamos para otra jornada. Seguimos de frente, por el GR-7, rumbo umbo este- sureste, entre pinar y claros calizos. El trazo es cómodo y bien marcado; a la izquierda quedan aperturas con vista a Torres y, más al fondo, la silueta del Aznaitín. Aquí el camino comparte corredor con las vías pecuarias del entorno: en este sector se reconocen trazas del Cordel del Zurreón y, más adelante, la continuidad hacia el Cordel de Guadahortuna, tradicionales rutas de paso en la falda del Almadén.
Km. 2,2
Apenas 300 metros más adelante alcanzamos Fuente Nita, un manantial de fresca surgencia encajado al pie de la ladera, con su frente de mampostería, caño y pilón que desagua hacia pequeñas albercas junto al carril. El entorno es umbrío, con sombra del pinar y ribazo calizo. Junto a la fuente, La sombra del nogal de copa abierta invita a detenerse: al norte, el caserío de Torres y el Aznaitín se enmarcan sobre el fondo lejano de La Loma; al suroeste, el Almadén impone su relieve y asoman las rastras o gleras —esas lenguas de piedra suelta que el hielo del invierno va desgranando en las pendientes—; y, a la espalda de la fuente, el Cerro Cárceles cierra la escena con un monte bien conservado, rico en flora y fauna de media montaña caliza. Tras la pausa, se retoma la pista principal del GR-7 en dirección este. A 600 m aparece un camino a la izquierda que no se toma: se mantiene la traza para continuar bordeando el balcón natural de Fuenmayor.
Km. 4,9
En una curva cerrada a la derecha, dejamos la pista principal del GR-7 y se toma el sendero del arroyo de la Víbora, que remonta el barranco por la ladera inmediata, entre pino carrasco y claros calizos. El firme es de tierra y piedra menuda, con tramos de raíz; conviene regular el paso en los repechos cortos. El firme es de tierra y piedra menuda, con raíces aflorando en el camino; conviene ajustar el paso en los repechos cortos y atender a la señalización que guía el cambio de itinerario. En este punto (curva cerrada a derecha) abandonamos el GR-7, abandonando la pista e introduciéndonos en el sendero del arroyo de la Víbora, que discurre en sentido ascendente a través de una repoblación de pino carrasco.
Km. 5,8
El sendero continúa remontando el barranco entre pinar y pequeñas claras de matorral hasta alcanzar la fuente que da nombre al arroyo. Es una surgencia modesta, encajada en la umbría, buen lugar para tomar aire antes del último esfuerzo al collado. La pendiente se mantiene moderada, el firme irregular y el ambiente resulta fresco por la proximidad del agua.
Km. 6,4
Coronamos el collado, auténtico punto de inflexión de la ruta. Dejamos un cercado ganadero a la izquierda y empieza el descenso por una senda muy pedregosa y poco definida (en la bifurcación de sendas, hay que tomar la derecha), donde la vegetación se abre y el terreno queda más ralo. Este tramo coincide con la vía pecuaria deslindada Cordel de la Sierra a Abrevadero del Espino. La lectura del terreno es clave: buscamos siempre el hilo de la loma y los hitos de piedra que van marcando el paso.
Km. 7,4
Desde la cresta arranca un descenso más pronunciado hacia el paraje de Las Hoyas. La caliza aparece escalonada y el firme exige pisada firme; si se llevan bastones, aquí se agradecen. A la derecha queda la Caldera del Tío Lobo, hondonada emblemática en estas sierras que llama la atención por su forma cerrada. También, a la derecha del collado se extiende un cornicabral bien desarrollado. Es un paisaje modelado por siglos de uso ganadero —pastoreo, talas y fuegos— que favoreció a la cornicabra frente a la encina y el quejigo y que en otoño tiñe la ladera de tonos rojos. En la línea de la cresta, antes de perder altura, se distinguen las ruinas del Chozo de Loma Vaquera, recuerdo de los usos ganaderos de altura. Con el valle ya de frente, la senda va suavizando pendiente y enlaza con los rellanos de Las Hoyas, donde el relieve se serena y el avance vuelve a ser cómodo.
Km. 8,8
Se continúa en descenso por el sendero hasta conectar con la JA-3107. Se cruza con precaución y se retoma la traza balizada (vía pecuaria) que atraviesa el olivar al otro lado. El itinerario vuelve a aproximarse a la carretera, guiado por balizas y marcas de pintura —con postes direccionales en los cruces— que señalan el paso entre lindes y bancales.
Km. 9,2
De nuevo la senda lleva a la carretera. Se cruza con precaución y se entra en la mancha de monte del paraje de Las Hoyas, donde el camino recupera carácter de senda entre coscojas y romerales, hasta enlazar con una pista clara que desciende hacia el fondo del valle. Esta pista termina desembocando otra vez en la JA-3107.
Km. 9,5
Último cruce de calzada. Al otro lado se retoma la vía pecuaria del Cordel de la Sierra al Abrevadero del Espino, que continúa entre olivares con pendiente ya muy suave y firme terroso. Mantenemos el hilo del trazado balizado; el paisaje se abre y anuncia el siguiente sector del recorrido.
Km. 9,9
La vía pecuaria del Cordel de la Sierra a Abrevadero del Espino guía entre olivares con pendiente muy suave. El firme se mantiene terroso, con algo de grava suelta en las vaguadas. Al aproximarse a una pista transversal, la vereda gira bruscamente a la izquierda para tomar la pista unos metros y volver a enlazar con la vereda al otro lado. La señalización balizada ayuda a no dudar: seguimos siempre el hilo de la vía pecuaria.
Km. 10,5
El descenso continúa por la vereda hasta asomar al helipuerto de Albanchez de Mágina, buena referencia visual en el fondo del valle. Aquí el itinerario contacta con la carretera de acceso al pueblo y concluye el trayecto. Es un final cómodo, con espacio para reagrupar y, si procede, retomar agua antes de dirigirnos al casco urbano.