Palacio Abacial - Museo Municipal de Alcalá la Real y Centro de Interpretación del Territorio
Museos y centros de interpretación
Alcalá la Real
La noble y leal ciudad de Alcalá la Real, según reza en su título, está situada al sur de la provincia, en la confluencia con las de Córdoba y Granada, sobre una amplia meseta dominada por el cerro de la Mota, en el centro de una comarca montañosa cubierta de olivares.
A los pies de la famosa fortaleza de la Mota y de las murallas circundantes, Monumento Nacional desde 1931, se extiende la ciudad de Alcalá la Real, con su estructura urbana de origen árabe, sus calles empinadas abigarradas de casas y repletas de sorpresas, casas señoriales, iglesias y detalles arquitectónicos, muestras de su esplendor y de su rico pasado histórico. La iglesia de Consolación, la de Santo Domingo, la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, la iglesia de San Juan Bautista, el palacio Abacial, el ayuntamiento y la fuente del Pilar de los Álamos son ejemplos de ello.
Desde el mirador del barrio de Las Cruces, el visitante puede disfrutar de una magnífica vista de Alcalá la Real y su antigua ciudad fortificada.
La expansión extramuros se inicia a través de la calle Real y se irán replicando y construyendo edificios religiosos y civiles, entre ellos las iglesias del Rosario y la Veracruz, que junto a San Francisco y la puerta de Alcalá forman parte del patrimonio desaparecido.
Desde el paseo de los Álamos, con San Antón y el antiguo convento de Capuchinos, hoy Biblioteca y Archivo Municipal, iniciamos un recorrido por el Llanillo, eje vertebrador de norte a sur que se convierte en el nuevo escenario de la vida local, cuyo corazón está en el Compás de Consolación.
Destacan por su elegancia las viviendas modernistas de principios del s. XX, el palacio Abacial, el convento de la Encarnación, las Angustias, la plaza del Ayuntamiento y las Casas de Enfrente.
Hoy, Alcalá la Real es un pueblo cosmopolita y hospitalario, de vecinos emprendedores que han sabido, respetando su pasado, llegar al s. XXI con la elegancia y humildad de quien se sabe de buena cuna.
Alcalá la Real mantiene sus tradiciones ligadas a la actividad agroganadera y las fiestas religiosas.
La gastronomía alcalaína está muy ligada a sus tradiciones y fiestas. En Navidad destacan los dulces de manteca de cerdo y almendras, por supuesto los productos de la matanza (morcilla, chorizo, salchichón...) y otros conservados en aceite de oliva (lomo, costillas...).
En la Candelaria las tartas de merengue, y en Carnaval el Relleno (miga de pan, carne y huevo hervido en el cuajar del cerdo). En Semana Santa predominan los dulces: pestiños, roscos de vino, huesos de santo, arroz con leche, papuecas...
Con el verano llegan los guisos alcalaínos, comidas entre amigos en el campo para degustar sobre todo un arroz caldoso o una secretaria (salsa de tomate, espárragos, champiñón y pollo) y en otoño se prepara la carne de membrillo, el pan de higo y el vino del terreno.
El hallazgo de numerosos restos arqueológicos atestiguan la presencia del hombre en la zona desde la prehistoria. De época romana se han encontrado numerosas inscripciones con los nombres de Ipocobulcola o Iliturgicola, que podrían haber sido los primeros topónimos de Alcalá la Real. Entre numerosos restos encontrados, destacamos una pequeña escultura de mármol que representa a Hércules.
Bajo el dominio musulmán, en el año 713, se empieza a tener noticias de Alcalá, con el nombre de Qal'at Astalir, configurándose como ciudad fortificada en la cima del cerro de la Mota. En el siglo XI, quedaría incluida en el reino de Granada. En el siglo XII, se constituye como señorío independiente bajo el mandato de la familia Banu Said, siendo esta la época de mayor esplendor de la historia musulmana de Alcalá, que empezaría a ser conocida como Qal'at Banu Said, o Alcalá de Benzaide, para las fuentes cristianas.
La conquista cristiana fue llevada a cabo por el rey Alfonso XI en el año 1341. Este le concede el título de Real que lleva en su nombre y el privilegio de fundar una abadía de Patronato Real. Tras la conquista de la ciudad, Alcalá jugará un papel muy importante, como zona fronteriza, en la toma del reino de Granada.
El título de ciudad se lo concede Juan II en el año 1432. El rey Enrique IV le da el título de "noble y leal" y los Reyes Católicos le conceden el de "Llave, guarda y defendimiento de los reinos de Castilla".
Finalizada la reconquista del reino de Granada, los alcalaínos dejarán atrás la seguridad de las murallas de la fortaleza, que se irá paulatinamente despoblando, ocupando la ladera oriental del cerro de la Mota hasta llegar al llano y ascender por el cerro de Las Cruces, situado frente al primero, y separados por el "Llanillo", nombre que hace referencia a la topografía del terreno: un llano situado entre dos cerros.
La ocupación francesa de la ciudad fortaleza, en 1810, y la posterior retirada de las tropas dejando este territorio a merced de las llamas de un incendio, unido a la desaparición de la Abadía a mediados del siglo XIX, sumirá a este entorno en un deterioro acelerado. Desde hace unos años se están llevando a cabo unas importantes labores de rehabilitación de este espacio monumental.
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