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La figura de Andrés de Vandelvira

Descubre en toda su plenitud al gran Maestro Andrés de Vandelvira

El recorrido se inicia por dominios del poderoso Secretario, Francisco de los Cobos, para pasar a los de otra ilustre familia para la que también trabajó Vandelvira: los Benavides, condes de Santisteban, cuyo Condado limita con el Adelantamiento de Cazorla y con las estribaciones de Sierra Morena donde se llevó a cabo la colonización de Carlos III. Confluencia de épocas y estilos se dan la mano en este interesante territorio, también de extraordinaria belleza natural.

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Biografía del artista

Conoce al maestro de la piedra luminosa

Andrés de Vandelvira (1505-1575) es el arquitecto más destacado del siglo XVI en Jaén y uno de los tres grandes nombres del Renacimiento andaluz, junto a Siloé y Hernán Ruiz II. Nacido en Alcaraz (Albacete), empezó como simple cantero y pronto, de la mano de su suegro Francisco de Luna, se trasladó a Uclés (Cuenca), donde conoció el primer Renacimiento plateresco.

Desde Villanueva de los Infantes recorrió con Luna las villas de la Sierra de Segura —Hornos, Segura, Orcera— para reparar y proyectar iglesias parroquiales. A mediados de la década de 1530 se estableció en Villacarrillo, casado con Luisa de Luna, donde fundó familia y capellanía. Su creciente prestigio lo llevó a Úbeda en 1536, donde asumió las obras de la Capilla del Salvador proyectadas por Siloé, aportando desde 1540 aportaciones originales como la sacristía y las portadas laterales.

Comprometido con las empresas de Francisco de los Cobos en Úbeda, Sabiote y Cazorla, fue requerido por la nobleza: Diego Valencia de Benavides en Baeza y La Guardia, Rodrigo Mexía y Mayor de Fonseca en Jaén. En 1553 firmó como Maestro Mayor de la Catedral y Diócesis de Jaén, cargo que simultaneó con Cuenca y que le dio control sobre todas las obras eclesiásticas de la provincia, incluyendo Baeza. Su fama llegó hasta Sevilla, Guadix y Málaga, donde realizó maquetas. Nunca dejó obras civiles: Casas de Corregimiento en Baeza, palacio de Vázquez de Molina en Úbeda, Pósitos, puentes y el Hospital de Santiago.

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Anecdotario / Curiosidades

En la biografía de Andrés de Vandelvira llama la atención la cantidad de lugares en que trabajó y la distancia entre ellos. El maestro se movió en un amplio radio que iba desde Cuenca al norte, Sevilla al oeste, Málaga al sur y Guadix al noreste, con centro en el eje Jaén-Úbeda. Sorprenden los kilómetros recorridos en poco tiempo, siempre a lomos de caballería.

Ese ritmo habla de su enorme capacidad de trabajo, que él mismo valoraba en alto grado. En su testamento recalca con orgullo la separación de bienes: “cien mil maravedíes que yo había ganado” y precisa que las fincas de Villacarrillo fueron “adquiridas por mi industria y trabajo después del fallecimiento de la dicha Luisa de Luna, mi mujer”.

Su sentido de la justicia aparece también en la herencia para sus hijos: “Que todos mis hijos sean igualados […] mi intención es de no agraviar a los unos más que a los otros […] ruego y encargo a todos mis hijos que tengan entre sí amor como el deudo les obliga”.

Entre compañeros de oficio gozaba de fama de justo. Diego Gómez lo elige como tasador en Villacarrillo, y los testigos confirman: “el dicho Andrés de Vandelvira es uno de los más hábiles maestros […] de muy buena conciencia e por cuya mano pasa la mayor parte de las tasaciones de todas estas comarcas”.

En su juventud, en Uclés, mostró valentía defendiendo sus principios. Frente al juez Tomás de Ribera, que pretendía entrar en el convento, Vandelvira advirtió con calma que el portero no dejaba pasar “ni al mismo emperador”. El castigo —200 bastonazos y paseo en burro— no borró su firmeza.

De sus siete hijos (seis varones, una mujer) Alonso fue el más fiel al oficio. Francisco y Cristóbal se acercaron también, pero uno murió pronto y el otro entró en religión. Pedro fue presbítero en Castellar y primer capellán de la capellanía paterna; Juan estudió en Baeza; Bernardino era patrono de la capellanía en 1620; Catalina de Luna completaba la familia.

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La obra de Andrés de Vandelvira

La obra de Andrés de Vandelvira se caracteriza por su solidez constructiva y constante experimentación. Su dominio de la estereotomía —el corte preciso de la piedra— adapta la tradición medieval al lenguaje renacentista “romano”. Cada dovela encaja para sostenerse sola, resolviendo espacios curvos y huecos con arcos de medio punto.

Aquí une experiencia manual y matemáticas euclidianas para crear bóvedas vaídas —circulares o cuadradas, de perfil curvo— que dan ingravidez a espacios de toneladas de piedra.

Esa virtud exige experimentación continua, marcada por contactos con maestros como Siloé. Hasta Úbeda domina el plateresco —Uclés, alhorí de Alcaraz (1530), capilla del Deán Ortega en San Nicolás— con ornamentación prolija.

Desde 1540, en la Sacra Capilla del Salvador, introduce estructuras innovadoras y anamorfosis. Con Esteban Jamete, la figura humana en alto relieve sustituye la decoración menuda.

En madurez (1550-1560) equilibra estructura y decoración; en sus últimos años (1570-1575), prioriza masas puras con mínima geometría, como en el Hospital de Santiago.

Rasgos singulares:

-Columnas de fuste muy delgado en patios interiores.

-Fustes acanalados con bastones desiguales o guirnaldas francesas.

-Composición de fachada que continúa por laterales.

-Parteluz frecuente en ventanas y balcones.

-Discos (con o sin cerámica) en frontones.

-Frisos “hinchados” jónicos, inspirados en Serlio.

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