Oficina De Turismo
La Carolina es una ciudad situada a los pies de Sierra Morena y del paso de Despeñaperros, puerto natural de montaña que une Castilla con Andalucía.
Su paraje está formado por extensos olivares, pero también abundan las dehesas y las zonas de media montaña pobladas de encinas y pinos. Es fácil encontrar chimeneas de minas abandonadas, señales inequívocas de su pasado relacionado con esta actividad.
Surgió como capital de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, un proyecto político acometido por el rey ilustrado, Carlos III, en el año 1767. El objetivo principal era colonizar y sacar provecho de las tierras de Sierra Morena y dar seguridad al puerto de montaña, ya que era un lugar muy inseguro, donde acampaban bandidos y malhechores. El poblamiento se hace con colonos que procedían de centro Europa, Francia y Alemania principalmente. Un estrecho colaborador del rey Carlos III, Pablo de Olavide, sería nombrado responsable del proyecto, con el título de Superintendente de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena.
El municipio de La Carolina está compuesto por cinco núcleos de población: La Carolina, como principal, Navas de Tolosa, La Fernandina, la Isabela y el Guindo. Está rodeada de parajes naturales como el cercano Parque natural de Despeñaperros, el embalse de la Fernandina o el pequeño núcleo urbano del Guindo, que nos evoca su pasado minero.
En su patrimonio artístico destacan: El Palacio del Intendente Olavide, de estilo barroco; la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, sede de la antigua fundación carmelita de San Juan de la Cruz, las Torrecillas del Molino de Viento y las Torres de la Aduana.
Otros monumentos de interés son:
Su enclave a los pies de Sierra Morena y en los límites del Parque Natural de Despeñaperros, hace de La Carolina un municipio especialmente atractivo para los amantes de la naturaleza. El visitante tiene la oportunidad de disfrutar de un paisaje lleno de contrastes, con montañas escarpadas y amplias dehesas, sobre la que es fácil atisbar majestuosas aves rapaces.
La tierra labrada solo representa el 10 % de su extensión, en su mayoría dedicada al olivar. Siendo las principales actividades agrarias el cultivo del olivar, la ganadería y la caza, mayor y menor. Destaca también su paisaje minero, herencia de una industria que sustentó la vida de los carolinenses: restos de minas abandonadas, lavaderos, restos de fundiciones…
La vegetación es muy abundante y heterogénea: olivos, encinas, alcornoques, castaños, eucaliptos, álamos y robles. La fauna, tanto en animales de caza mayor (jabalíes, gamos, corzos, rebecos…) como menor (conejos, liebres, perdices, codornices) es muy abundante. También existen ganaderías de reses bravas, ganado ovino y caprino.
Parte del término de La Carolina abarca los montes de Sierra Morena al norte, mientras que hacia el sur el paisaje se vuelve adehesado, ofreciendo así bellos y contrastados paisajes. En la zona de sierra, el pico más alto de la cordillera, La Estrella, con 1.300?m de altitud. Los cercanos Parques Naturales de Despeñaperros al Este y de la Sierra de Andújar hacia el Oeste.
Hacia el Sur, el Embalse de La Fernandina, permite la pesca deportiva y presenta bellas imágenes del bosque mediterráneo adehesado, siendo lugar ideal para el desarrollo de una rica ganadería extensiva.
Las aldeas abundan en su término así como los parajes naturales, lo que convierte a La Carolina en un municipio de especial atractivo humano y natural. Cuenta con tres núcleos urbanos o pedanías, siendo estas:
Además de las celebraciones de Navidad y Carnavales, las celebraciones con más arraigo en la localidad son las siguientes:
La caza está muy presente en la gastronomía de la localidad, así entre los platos más tradicionales tenemos:
En la repostería son típicos los siguientes:
En el siglo XVIII, el rey ilustrado Carlos III y sus ministros (Aranda, Jovellanos y Campomanes) deciden crear las Nuevas Poblaciones en Sierra Morena. Al frente del repoblamiento se puso al Superintendente Pedro Olavide, quien se encargaría de llevar a cabo el asentamiento de colonos procedentes de Francia, Alemania, Holanda y Suiza.
Así en el año 1767, se aprueba el Fuero de las Nuevas Poblaciones, en el que se establecía el reglamento y las normas por las que se regirían estos nuevos asentamientos, diferentes a los del resto del país. Este año, y cerca de La Peñuela, un antiguo convento carmelita, se funda La Carolina, que sería la capital del conjunto de los nuevos asentamientos en Sierra Morena.
La bella ciudad de La Carolina es el mejor ejemplo del urbanismo de la Ilustración. Se la conoce como Joya Urbanística del Santo Reino. Esta se diseñó como un campamento romano; es decir, siguiendo dos ejes que se cruzan, uno de N a S, que se llama cardo y otro llamado decumano, de E a O que en la plaza del Ayuntamiento es donde se encuentran, indicando este cruce el centro de la ciudad, según el diseño de Simón Desnaux, supervisado por Olavide. Las avenidas de Las Huertas y Juan Carlos I, son las líneas maestras para la división del terreno. El resultado de su urbanización es una malla ortogonal que la divide en cuadrículas, con calles y avenidas rectas y amplias.
A mediados del siglo XIX, La Carolina inicia la explotación de sus ricos filones de plomo argentífero. Ya existían trabajos mineros anteriores, pero será ahora cuando comience una explotación a gran escala que le llevará, a principios y mediados del siglo XX, a convertirse en el mayor productor de plomo argentífero del mundo junto con la cercana Linares, bajo la delimitación territorial de Distrito minero de Linares-La Carolina.
Ello produjo una fuerte inmigración de obreros de provincias próximas que modificó considerablemente su demografía y sociología, llegando incluso a nacer poblaciones en torno a esas explotaciones como El Centenillo o El Guindo.
Pero la crisis de la minería supuso el cierre de la totalidad de las minas en los años 70 del siglo pasado. Así hoy, las edificaciones vinculadas a esta actividad han pasado a formar parte del paisaje como testigos de su pasado industrial, siendo inscritas en el catálogo del Instituto de Patrimonio Histórico de Andalucía.
Desde hace unas décadas, La Carolina, ha apostado por el sector de la industrialización y actualmente es una ciudad cargada de futuro.
La aldea de Los Guindos, por su situación geográfica es un magnífico lugar para realizar observaciones astronómicas, de manera muy especial en los meses de otoño e invierno. De hecho, está incluida como Mirador dentro de la “Certificación de Reserva y Destino Turístico Starlight de Sierra Morena”.
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