Oficina De Turismo
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Baeza se encuentra en el mismo centro geográfico de la provincia de Jaén, enclavada en la comarca de la Loma de la que se considera su capital occidental.
Ubicada cerca del río Guadalquivir, en un paisaje de tierras fértiles de huertas, olivares y cereal. La ausencia de tierras no agrícolas reduce los espacios de interés natural al río Guadalquivir y a los humedales de la laguna Grande, de gran riqueza ecológica y la mayor de la provincia.
Baeza es una ciudad donde el Renacimiento se muestra en todo su esplendor, tanto en los monumentos civiles como en los religiosos: palacios e iglesias que alternan con las casas blancas, portadas, pórticos, torres, plazas y fuentes.
Su época de esplendor data de los siglos XVI y XVII, aunque la ciudad ha destacado desde tiempos remotos.
Para entender la Baeza de hoy, tenemos que remontarnos a los primeros pobladores que se asentaron en el lugar conocido como cerro del Alcázar, en la Edad del Bronce, evolucionando a la ciudad ibérica Viatia o Vivatia, pasando a la época romana, cuando Biatia fue una de las ciudades más importantes.
Serían los musulmanes quienes conformaron los límites murarios de la ciudad, algunos rehechos en el siglo XVI. Tras la conquista cristiana comienza la época de esplendor de Baeza. La nueva Baeza cristiana comienza a crecer extramuros, donde los edificios religiosos son los más representativos.
Baeza está situada en un lugar dominante de la comarca de la Loma y en la margen derecha del río Guadalquivir. La ciudad está asentada sobre tres cerros y el pequeño valle que quedan en medio, en una posición bastante elevada sobre el valle del Guadalquivir, situación propicia para ser una plaza importantísima en la antigüedad. Está circundado por los ríos Guadalquivir al sur y Guadalimar al norte.
Un emplazamiento que al recorrer el paseo por las murallas nos permite contemplar el inmenso mar de olivos que se nos presenta en todo el contorno que nos rodea. Desde los miradores de este paseo, se puede contemplar la bella estampa del valle del Guadalquivir, los extensos olivares, la sierra de Cazorla, la sierra de Segura y Sierra Mágina, con los pueblos de Jimena, Mancha Real, Bedmar y Garcíez a lo lejos.
La vegetación predominante es el olivo, pero junto al cauce de los ríos y de la laguna Grande encontramos lo que llamamos bosque de galería: álamos blancos, mimbreras, taráis, álamos negros…, así como otras especies de arbustos. Una vegetación que con el cambio de las estaciones trazan una pincelada de color en el paisaje, especialmente en la estación del otoño.
La fauna de la localidad es la propia de la campiña jienense: liebres, conejos, ciervos, zorros, perdices, codornices… También son fáciles de avistar las cigüeñas y una gran variedad de aves de presa. Sin olvidarnos de avifauna que vive junto al cauce de los ríos y en las proximidades de la laguna Grande.
La ausencia de tierras no agrícolas reduce los espacios de interés natural a las márgenes de los ríos y a los humedales de la laguna Grande que cuentan con un especial interés ecológico.
Entre las fiestas con más arraigo entre los vecinos de Baeza, destacamos:
El calendario anual de celebraciones se completa con las festividades de san Isidro Labrador, patrón de los agricultores, san Cristóbal, patrón del gremio de la conducción, Nuestra Señora del Carmen y Fiestas del Concejo de Baeza en honor de san Andrés.
La cultura gastronómica se asienta en su historia y en su geografía. En muchos de sus platos se pueden encontrar influencias cultivadas de la cocina romana, judía, islámica, morisca y mudéjar.
La cocina tradicional está fusionada con las estaciones y con las festividades, así como con las materias primas básicas de la tierra y todo regado con el oro líquido de los campos olivareros de Baeza.
Entre los platos autóctonos están:
Repostería:
Atalaya sobre el valle del Guadalquivir, su alcázar aseguró la retaguardia castellana en la amenaza constante de los reinos islámicos situados al oeste y al sur del Guadalquivir.
En la actualidad Baeza es conocida por su producción olivarera, su abundante legado monumental (Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003) y por ser sede de la Universidad Internacional de Andalucía.
Su actividad económica principal es la agrícola, ligada al olivo y a la industria oleícola, si bien el turismo monumental ha desarrollado la actividad de la hostelería.
Sus iglesias, palacios y torres constituyen un conjunto monumental en el que se suceden los diferentes estilos arquitectónicos, si bien cobran especial importancia el Renacimiento y el gótico isabelino. De su rico patrimonio arquitectónico, destaca la catedral (siglo XVI), la iglesia de Santa Cruz (siglo XIII), el convento de san Francisco, el Ayuntamiento y la iglesia de san Andrés, todos del siglo XVI.
En suma, el centro histórico de Baeza constituye uno de los conjuntos monumentales más importantes del renacimiento a nivel mundial.
Para entender la Baeza de hoy, tenemos que remontarnos a los primeros pobladores que se asentaron en el lugar conocido como cerro del Alcázar, en la Edad del Bronce, evolucionando a la ciudad ibérica Viatia o Vivatia, pasando a la época romana, cuando Biatia fue una de las ciudades más importantes.
Serían los musulmanes quienes conformaron los límites murarios de la ciudad, algunos rehechos en el siglo XVI. Tras la conquista cristiana comienza la época de esplendor de Baeza. La nueva Baeza cristiana comienza a crecer extramuros, donde los edificios religiosos son los más representativos.
Baeza está situada en un lugar dominante de la comarca de la Loma y en la margen derecha del río Guadalquivir. La ciudad está asentada sobre tres cerros y el pequeño valle que quedan en medio, en una posición bastante elevada sobre el valle del Guadalquivir, situación propicia para ser una plaza importantísima en la antigüedad. Está circundado por los ríos Guadalquivir al sur y Guadalimar al norte.
Un emplazamiento que al recorrer el paseo por las murallas nos permite contemplar el inmenso mar de olivos que se nos presenta en todo el contorno que nos rodea. Desde los miradores de este paseo, se puede contemplar la bella estampa del valle del Guadalquivir, los extensos olivares, la sierra de Cazorla, la sierra de Segura y Sierra Mágina, con los pueblos de Jimena, Mancha Real, Bedmar y Garcíez a lo lejos.
La vegetación predominante es el olivo, pero junto al cauce de los ríos y de la laguna Grande encontramos lo que llamamos bosque de galería: álamos blancos, mimbreras, taráis, álamos negros…, así como otras especies de arbustos. Una vegetación que con el cambio de las estaciones trazan una pincelada de color en el paisaje, especialmente en la estación del otoño.
La fauna de la localidad es la propia de la campiña jienense: liebres, conejos, ciervos, zorros, perdices, codornices… También son fáciles de avistar las cigüeñas y una gran variedad de aves de presa. Sin olvidarnos de avifauna que vive junto al cauce de los ríos y en las proximidades de la laguna Grande.
La ausencia de tierras no agrícolas reduce los espacios de interés natural a las márgenes de los ríos y a los humedales de la laguna Grande que cuentan con un especial interés ecológico.
Entre las fiestas con más arraigo entre los vecinos de Baeza, destacamos:
El calendario anual de celebraciones se completa con las festividades de san Isidro Labrador, patrón de los agricultores, san Cristóbal, patrón del gremio de la conducción, Nuestra Señora del Carmen y Fiestas del Concejo de Baeza en honor de san Andrés.
La cultura gastronómica se asienta en su historia y en su geografía. En muchos de sus platos se pueden encontrar influencias cultivadas de la cocina romana, judía, islámica, morisca y mudéjar.
La cocina tradicional está fusionada con las estaciones y con las festividades, así como con las materias primas básicas de la tierra y todo regado con el oro líquido de los campos olivareros de Baeza.
Entre los platos autóctonos están:
Repostería:
Es en la Edad del Cobre, III milenio a.C., cuando aparecen los primeros poblados. En su mayoría amurallados y su economía se basaba en la agricultura y en la ganadería.
En la época ibérica, siglo VII a.C., el cerro del Alcázar se considera un poblado consolidado.
Durante los siglos II y I a.C., en pleno imperio romano, aparece citada en varias fuentes como Vivatia o Biatia. Adquiere gran importancia debido a su ubicación, ya que es un paso obligatorio en la ruta comercial Cástulo – Málaga.
El territorio de Biatia sería ocupado en la segunda década del siglo VIII por las tropas musulmanas. En esta época la ciudad se conoce con el nombre de Bayyasa.
Los reyes cristianos tomarán la ciudad y la perderán de nuevo en varias ocasiones. Pero será Fernando III “el Santo” quien la conquiste definitivamente en el año 1227, y se la considere como cabeza de puente en la reconquista del Al-Andalus, por este motivo se dota a la ciudad de privilegios y de un fuero, el “Fuero de Cuenca”.
La presencia de la Iglesia católica se restaura, estableciéndose en Baeza la sede episcopal en el siglo XIII. A partir de esta la fecha, las más importantes órdenes religiosas y conventuales tuvieron presencia en la ciudad.
Será en el siglo XVI cuando Baeza alcance su máximo esplendor arquitectónico y cultural con la fundación de la Universidad, entre otros edificios públicos de interés. El apogeo continuará en el siglo XVII, es el siglo del mayor apogeo conventual.
El siglo XVIII será de declive. Con la guerra de Independencia Baeza sufre cuantiosas pérdidas humanas y económicas. Las exigencias y contribuciones excesivas ayudarían también a ello. Muy reseñable fue la desamortización de Mendizábal, que trajo la desaparición de los conventos.
La economía fundamentalmente agrícola, aumenta la producción y se incrementa la superficie dedicada al olivar en detrimento de otros cultivos herbáceos.
En 1966, Baeza fue declarada “Conjunto Histórico-Artístico”, lo que supuso un despegue en los servicios turísticos, incrementado por la Declaración en 2003, por la UNESCO, de Baeza como Patrimonio de la Humanidad.
La tradición universitaria se está recuperando con la sede Antonio Machado de la Universidad Internacional de Andalucía.
La ciudad goza de una gran influencia en insignes autores como Antonio Machado y Federico García Lorca, que tuvieron aquí un trascendental encuentro.
Sin olvidar la importante presencia de San Juan de la Cruz en Baeza y los lazos familiares que vinculan a Jorge Manrique con esta localidad.
Otros monumentos que forman parte de su patrimonio son:
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