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Francisco de Quevedo Villegas (1580–1645)

La sierra que le habló en verso

Francisco de Quevedo llegó a la Sierra de Segura como quien entra en un territorio donde la naturaleza y la palabra se reconocen mutuamente. Entre montañas abruptas, pueblos blancos y el rumor del Guadalquivir, el poeta encontró un paisaje que parecía hecho para su mirada aguda y su ironía luminosa. En Beas de Segura y Segura de la Sierra convivió con amigos, conversó, escribió y dejó versos que aún parecen adheridos a las piedras antiguas.

 

Para Quevedo, estas tierras fueron más que un refugio: fueron un escenario de inspiración. En sus poemas aparecen las cumbres, los valles, la luz limpia del amanecer serrano. Llamó a Segura “un corcovo del mundo”, como si la montaña misma se alzara orgullosa para tocar el cielo. Y en sus cartas y escritos dejó constancia de sus viajes, de las gentes que conoció, de la vida que latía en cada rincón. Su paso por estas tierras forma parte de ese mapa secreto que une literatura y paisaje, palabra y memoria.

Miguel de Cervantes y Saavedra (1547–1616)

Cervantes cruzó Jaén como viajero, pero dejó en ella destellos de literatura eterna

Miguel de Cervantes recorrió la provincia de Jaén no como escritor célebre, sino como un hombre obligado a ganarse la vida en los caminos. Entre 1591 y 1592, mientras ejercía como recaudador de contribuciones, atravesó pueblos, ventas y paisajes que hoy conservan la huella silenciosa de su paso. Linares, Martos, Porcuna, Arjona, Lopera, Arjonilla, Begíjar, Alcaudete, Villanueva del Arzobispo, Úbeda, Baeza y la propia capital: todos forman parte de ese mapa cervantino que la historia ha ido reconstruyendo.

En Lopera se conserva documentación que confirma su presencia, como si el tiempo hubiera querido dejar una prueba de aquel viaje fatigado. Y aunque Cervantes no vino a Jaén en busca de inspiración, la literatura terminó encontrándolo a él. 

La famosa “aventura del cuerpo muerto” del Quijote parece beber de un episodio real ocurrido en estas tierras: el traslado del cuerpo de San Juan de la Cruz desde Úbeda. También en Los trabajos de Persiles y Sigismunda aparece la Santa Verónica de Jaén y el Santuario de la Virgen de la Cabeza, señales de que la provincia quedó grabada en su memoria. Sus pasos, casi anónimos entonces, forman hoy parte del paisaje literario de la provincia.

Camilo José Cela (1916–2002)

Cela y el retrato vivo de la provincia

Camilo José Cela llegó a Jaén con la mirada curiosa del viajero que no solo observa, sino que escucha. En Primer viaje andaluz dejó constancia de ese encuentro: un capítulo entero dedicado a la provincia, donde las calles de Úbeda y Baeza, las cuestas de Jaén capital y los pueblos dispersos entre olivares se convierten en escenarios vivos, descritos con su ironía fina y su sensibilidad de escritor total.

No vino solo. Aquel libro, publicado en 1959, fue un proyecto compartido con dos artistas jiennenses excepcionales: Rafael Zabaleta y Lorenzo Goñi, cuyas ilustraciones dialogan con el texto como si la palabra y el trazo se reconocieran mutuamente. Juntos construyeron una obra que es, al mismo tiempo, retrato, crónica y homenaje.

Cela, figura imprescindible de la literatura del siglo XX y Premio Nobel en 1989, mantuvo además una relación cercana con autores y editores de la provincia. En sus páginas, Jaén aparece como un territorio que sorprende, que provoca, que invita a mirar más despacio. Un lugar donde el escritor encontró materia para su estilo directo, a veces áspero, siempre lúcido.

Manuel Andújar (1913–1994)

La voz jiennense que convirtió el exilio en memoria y la memoria en literatura

Manuel Andújar nació en La Carolina, pero su vida —marcada por la guerra, el exilio y el regreso— lo convirtió en un escritor de fronteras, de memorias heridas y de identidades en tránsito. Su obra es un territorio donde laten la nostalgia, la dignidad y la búsqueda de un lugar propio en un mundo que a menudo se desmorona.

Desde muy joven se movió entre ciudades: Málaga, Madrid, Lérida, Barcelona. Después llegó la Guerra Civil y, con ella, el destierro. Francia primero, México después. Allí, lejos de su tierra, Andújar encontró una comunidad de exiliados con la que compartió palabras, ideas y resistencia cultural. Fundó revistas, colaboró con editoriales, escribió novelas y relatos que son testimonio de una generación rota pero no vencida.

Su literatura, heredera de Galdós y de la Generación del 98, tiene la fuerza de lo vivido y la lucidez de quien observa el mundo desde la distancia. En sus páginas aparece la memoria de La Carolina, la dureza del exilio, la fragilidad humana y la esperanza que persiste incluso en los tiempos más oscuros.

Cuando regresó a España en 1967, trajo consigo no solo su obra, sino también la voz de todos aquellos que no pudieron volver. Hoy, Manuel Andújar es una de las figuras esenciales para comprender la literatura del exilio español y, al mismo tiempo, una de las voces más profundas nacidas en la tierra de Jaén.

Patrocinio de Biedma y Lamoneda (1845–1927)

La mujer que convirtió la palabra en libertad y la libertad en legado

Patrocinio de Biedma nació en Begíjar (Jaén) cuando el siglo XIX avanzaba con paso incierto, pero ella decidió caminar por delante de su época. Escritora, periodista, feminista intuitiva antes de que la palabra existiera como tal, fue una mujer que convirtió la literatura en un espacio de libertad. En un tiempo en el que pocas mujeres podían publicar, Patrocinio no solo escribió: dirigió revistas, fundó círculos literarios y se abrió camino en periódicos nacionales e internacionales con una voz firme y luminosa.

Su obra —poesía, novelas, relatos, artículos— respira una mezcla de sensibilidad y determinación. En sus textos se percibe la mirada de una mujer que observa el mundo con lucidez, que denuncia injusticias, que defiende la educación y la cultura como herramientas de progreso. Desde Cádiz, donde fundó la revista Cádiz, hasta Andalucía entera, donde presidió la Federación Literaria, su influencia se extendió como una red de pensamiento y modernidad.

Pero siempre llevó consigo la raíz jiennense. Begíjar, su tierra natal, aparece como un punto de partida emocional, un lugar que la formó y al que regresaba en la memoria. Patrocinio de Biedma es una de esas figuras que la historia a veces deja en los márgenes, pero cuya vida y obra iluminan el camino de quienes vinieron después. Fue, en esencia, una mujer que escribió para abrir puertas.

Rafael Láinez Alcalá (1899–1988)

El guardián jiennense que convirtió el arte en memoria perdurable

Rafael Láinez Alcalá nació en Peal de Becerro a finales del siglo XIX, en una tierra donde la historia se mezcla con el rumor de los olivares. Desde muy joven mostró una curiosidad insaciable: escribía, investigaba, observaba el arte como quien descifra un lenguaje antiguo. Su paso por Úbeda y Baeza lo puso en contacto con Antonio Machado, un encuentro que dejó una huella profunda en su sensibilidad literaria.

Con el tiempo, Láinez Alcalá se convirtió en un erudito de mirada amplia. Fue corresponsal, articulista, profesor y, finalmente, catedrático de Historia del Arte en La Laguna y Salamanca. Allí, entre aulas y archivos, desarrolló una obra rigurosa y apasionada, dedicada a comprender cómo el arte revela la identidad de un pueblo.

Su escritura —ensayos, estudios, artículos— respira respeto por la tradición y una voluntad clara de preservar la memoria cultural. No buscó protagonismo, pero su legado es sólido: un archivo personal que donó generosamente a su pueblo natal y que hoy constituye un tesoro documental para entender la historia artística de Jaén y de España.

Rafael Láinez Alcalá fue, en esencia, un puente entre la tierra que lo vio nacer y el vasto mundo del conocimiento. Un hombre que hizo del estudio una forma de amor hacia su origen.

David Uclés Vílchez (Úbeda, 1990)

El creador del “Macondo jiennense”

David Uclés, natural de Úbeda, es escritor, músico, dibujante y traductor español cuya obra ha irrumpido con fuerza en el panorama literario nacional e internacional. Formado en Traducción e Interpretación y en Lenguas Extranjeras, estudió en Córdoba, Münster y Granada, y trabajó como profesor en Alemania, Francia y Suiza.

Su narrativa se mueve entre el realismo mágico, la memoria familiar y la recreación simbólica del mundo rural andaluz. Con su tercera novela, La península de las casas vacías, alcanzó un éxito extraordinario: más de 300.000 ejemplares vendidos, traducciones a más de doce idiomas y una larga lista de premios, entre ellos el Premio Cálamo al Mejor Libro del Año 2024, el Premio Andalucía de la Crítica, el Premio Dulce Chacón, el Premio San Clemente y el Premio Kelvin 505. 

En 2025 fue candidato español al Premio de Literatura de la Unión Europea y finalista de la Bienal Vargas Llosa, consolidándose como una de las voces más destacadas de su generación. 

Su obra más reciente, La ciudad de las luces muertas, obtuvo el 82.º Premio Nadal, confirmando su proyección literaria.  Uclés mantiene un fuerte vínculo con su tierra. Nacido en Úbeda y nombrado Hijo Predilecto en 2025, ha convertido el entorno de Quesada y la memoria de su familia en el corazón simbólico de su universo narrativo, un territorio que él mismo define como su “Macondo jiennense”.