Oficina De Turismo
Pozo Alcón se halla al sur del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, entre dos paisajes que conjugan el verdor de los montes con la sequedad de las tierras bajas que lindan con Granada.
La agricultura es la actividad principal, destacando el cultivo del olivo, el de plantas herbáceas y el de almendros. La ganadería es también una actividad importante, dominada el ganado ovino (cordero segureño) y la avicultura. Las malas comunicaciones con Jaén, hace que esta localidad se encuentre más ligada a Baza (Granada), que a otras localidades de la provincia.
La villa, que hasta el siglo XVIII perteneció a Quesada, es dueña de una valiosa y cuidada arquitectura popular. Es el único de los pueblos del Parque Natural que no ha perdido censo de habitantes desde la creación del Parque. El municipio ha sabido conservar viejos monumentos como la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación y la plaza del Ayuntamiento. Su caserío evidencia un hondo respeto por la arquitectura tradicional, en especial en los barrios altos que circundan la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación.
El turismo se está consolidando como una actividad de futuro en el entorno denominado “Sierra del Pozo”, donde son numerosos los parajes de gran valor ambiental y excepcionales paisajes. Cerca del pueblo se encuentra el hermoso paraje del embalse de la Bolera.
Todo ello permite el disfrute de numerosas y variadas actividades que van desde los deportes extremos, al senderismo pasando por la pesca deportiva, la observación de la fauna y flora y la observación astronómica.
Pozo Alcón es un municipio del Alto Guadalquivir situado en el límite con la provincia de Granada. La mitad norte del término está incluida en el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Cambiando el medio natural hacia el sur y sureste, en ladera hasta el río Guadiana Menor y Guadalentín, variando el paisaje bruscamente con amplias zonas semidesérticas, muy erosionadas, de espartizales y tomillares.
Pozo Alcón es un paraíso natural para los amantes del deporte y actividades en contacto con la naturaleza. En un radio de pocos kilómetros disponemos de tres embalses cercanos: El pantano del Portillo, en el término de Castril; El Negratín, en la comarca del atiplano granadino; y el embalse de La Bolera en el término de Pozo de Alcón. El agua de estos embalses a parte de su utilización para el riego y el consumo humano de las poblaciones, se pueden practicar diferentes deportes.
El término municipal cuenta con multitud de ecosistemas en los que se integran infinidad de especies que conforman su rica y variada fauna: desde las aves rapaces, las carroñeras, las especies cinegéticas, tanto de caza mayor como menor, los peces, anfibios, reptiles, así como la avifauna característica de la vegetación de ribera existente junto al cauce de arroyos y ríos.
Sin duda, un auténtico paraíso donde la naturaleza parece recrearse. Resulta casi obligatorio establecer un contacto directo con alguno de los parajes maravillosos que esconde este territorio, donde además de observar “in situ” tanto la vegetación como la fauna, podremos deleitarnos con unas fabulosas panorámicas de la sierra y de la campiña jienense.
Entre los diferentes parajes, citamos:
Los poceños esperan con ilusión la llegada de las siguientes fiestas de la localidad:
La cocina de Pozo de Alcón hunde sus raíces en los viejos fogones que durante generaciones han visto preparar el sustento diario. Entre esos platos recordamos:
En repostería:
La primera referencia escrita que se tiene de esta localidad data de 1331, en la que se hace alusión a “Pozuelo”, entre los límites del término de Cazorla, pero sin población alguna. Tras finalizar la Reconquista se produce una colonización de la zona conocida como “El Pozo de Campo Cuenca”.
En 1529 fue objeto de roturaciones por sus pobladores que empezarán a labrar sus terrenos baldíos, lo que supuso que la población fuese aumentando, y en 1618 ya contaba con la Ermita de Santa Ana y la Iglesia de la Encarnación.
El día 12 de julio de 1648, el rey Felipe IV separó el lugar del Pozo de la villa de Quesada, pasando a ser villa realenga e independiente, para conseguirlo varios vecinos tuvieron que pagar 5.000 ducados.
Al conseguir la independencia el municipio experimentó un progresivo aumento de población, y ya a mediados del siglo XVIII contaba con 2.227 habitantes, una parroquia, 2 ermitas, un pósito y un hospital.
En la localidad se produce trigo, cebada, centeno, aceite, vino, comino y anís.
Entre las principales ocupaciones de los vecinos se contaba la de “arrieros”, que consistía en ir de pueblo en pueblo, con la mercancía sobre burros, para vender lo que podían.
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