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Mengíbar está situada al norte de la capital jiennense, entre los ríos Guadalquivir, Guadalbullón y Guadalimar, unas tierras cubiertas de olivos y campos de cereales y frutales. Su ubicación al lado de la Autovía E-902 o A-44 (Bailén-Motril) ha favorecido que mantenga un equilibrio entre la dedicación a la agricultura, a la industria y a los servicios. Al llegar a Mengíbar el Guadalquivir, su caudal se amansa, e inicia un tranquilo curso medio, permitiendo un mejor aprovechamiento de las aguas. Mengíbar fue destacado puerto fluvial, a orillas del Guadalquivir, por su buena situación geográfica, sobre todo por el transporte de madera proveniente de la Sierra de Segura.
El casco urbano, asentado sobre una suave colina de tierras fértiles, tanto de secano como de regadío, conserva en su interior edificios y monumentos de interés, como la Iglesia renacentista dedicada a San Pedro Apóstol, una hermosa y esbelta Torre cristiana, la Casa Consistorial y la Casa Palacio.
En sus inmediaciones se ha descubierto el oppidum ibérico de Iliturgi, situado en Cerro La Muela, y la célebre ciudad romana de Iliturgi, en Cerro Maquiz.
El centro de Mengíbar, de trazado irregular e influencias árabes, se ha expandido en dirección este, oeste y norte, cristalizando en un viario amplio y rectilíneo, con manzanas de considerable tamaño en los ensanches más cercanos al casco antiguo y con manzanas de menores dimensiones en la periferia del núcleo.
Agrícolamente el término municipal de Mengíbar se encuentra repartido entre los cultivos herbáceos y el olivar, siendo prácticamente toda su superficie de regadío, destacando las vegas del Guadalquivir y las del Guadalbullón.
Los cultivos dominantes son: el olivar, girasol, algodón y los cereales (trigo, cebada y maíz). El bello paisaje de la Campiña mengibareña se interrumpe al norte con Sierra Morena, y al sur con Sierra Mágina y Jaén, transcurriendo el resto entre suaves y ondulaciones sin grandes alturas. Completan este hermoso paisaje los bosques de galería a orillas de los tres ríos que cruzan su término: el Guadalquivir y dos de sus afluentes, el Guadalbullón y el Guadalimar. En otoño los árboles de hoja caduca pintan un brochazo de color en el paisaje.
Las tierras de Mengíbar ofrecen al viajero diversos enclaves de interés natural. Entre ellos se encuentra el Cerro Albariza, mirador natural desde el que se obtienen magníficas vistas del valle del Guadalquivir o el delta del Guadalbullón situado junto a la Cañada Real de Torreblascopedro, a unos tres kilómetros del casco urbano. Su abundante vegetación ribereña le confiere interés botánico.
La presa de Mengíbar sobre el río Guadalquivir, inaugurada en 1916 por el rey Alfonso XIII, pone una nota de color al paisaje. El olivar predomina, pero junto al cauce de los ríos encontramos álamos blancos, mimbreras, taráis, álamos negros, así como otras especies de arbustos. La fauna es la propia de la campiña jienense: liebres, conejos, perdices, ciervos, linces, jabalíes, zorros, codornices… También, son fáciles de avistar las cigüeñas y una gran variedad de aves de presa. Sin olvidarnos de avifauna que habita junto al cauce de los ríos y en las proximidades del embalse.
En Mengíbar, como ocurre en los pueblos de Andalucía, la gente espera con ilusión las fiestas populares porque saben que se convertirán en días de alegría y diversión, tanto para los vecinos como para los visitantes. Además de la celebración de Navidad, Carnavales y Semana Santa, en Mengíbar se celebran las siguientes fiestas:
En la cultura culinaria de Mengíbar están presentes dos aspectos, uno es el aceite de oliva, y otro es la utilización de los productos propios de sus huertas que entran a formar parte de los ingredientes de esos platos. De su variada gastronomía, destacaremos los siguientes:
La Historia de Mengíbar comienza a escribirse a orillas del río Guadalquivir, hace aproximadamente 6.000 años, en el Neolítico. Las huellas de este periodo se corresponden al denomiado asentamiento de la Vega Baja. El mayor hito de ocupación ibérica de término municipal de Mengíbar se corresponde con el oppidium de Iliturgi y las distintas necrópolis asociadas este importante núcleo de población.
Hasta hace muy poco se consideraba que este poblado se habría alzado en el paraje conocido con el nombre de Cerro Maquiz o Las Torres, un lugar muy próximo a la confluencia del río Guadalbullón con el Guadalquivir. Recientes excavaciones arqueológicas demuestran la localización exacta de la ciudad íbera en el yacimiento conocido como “Plaza de Armas del Cerro de la Muela”.
Este emplazamiento sería asediado por el general romano Publio Cornelio Escipión, el africano. Tito Livio narró como la ciudad fue atacada, incendiada y masacrada su población. En el siglo II a. C., Roma fundaría una nueva Iliturgi en Cerró Maquiz, un enclave ubicado en la orilla opuesta del Río Guadalbullón, a 700 metros del antiguo oppidum íbero.
Escasos restos se conservan en Mengíbar del periodo almohade. En 1225, Fernando III el Santo conquista Mengíbar, otorgando los terrenos de Maquiz a la Orden de Santiago, quedando el Lugar bajo jurisdicción de Jaén.
La palabra “MENXIBAR” aparece por primera vez en la conquista de Jaén, lo que demuestra que debió existir una fortaleza que fue ocupada por las tropas cristianas. Conquistada Jaén, el rey la anexiona a esta ciudad, de la que dependerá hasta 1574, año en el que Felipe II, mediante el pago de 22.500 ducados, la convierte en Villa.
El 16 de julio de 1808, tiene lugar un hecho glorioso en Mengíbar: la derrota de las tropas francesas, que huyen hacia Bailén, donde días más tarde serían derrotados por el General Castaños.
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