La Iruela
La Iruela, pequeña y bonita población situada en el nordeste de la comarca Sierra de Cazorla. En su parte oeste se encuentran las tierras labradas, el resto del término municipal es área de montaña reforestada con pinares. Pertenece al Parque Natural de las Sierras de Cazorla y Las Villas, siendo su principal puerta de entrada.
El municipio de La Iruela, como si de un puzzle se tratara, se compone de numerosos núcleos, 17 pedanías son las que lo conforman. Burunchel, El Palomar, El Burrueco, Arroyo Frío, Fontanares, La Estrella, Mortalejos, Tramaya, El Pocico, San Martín, Pasada Barrero, Los Tíscares, Arroyos de Plaza, Juntas de Muriel, Nubla, Cortijo Enroque y Cañamares.
La actividad económica del municipio descansa sobre dos pilares básicos: el cultivo del olivo y el turismo de naturaleza, destacando también la actividad forestal.
Entre su patrimonio histórico citamos el castillo medieval, las ruinas de la iglesia de santo Domingo de Silos y la casa consistorial.
La Iruela ha sido declarada Conjunto Histórico Artístico en el año 1985.
La Iruela se encuentra en las faldas de la sierra de Cazorla, coronando el valle del Guadalquivir. Está situado a 932 m. sobre el nivel del mar, lo que le supone ser el municipio más alto de toda la comarca, y el que más porción posee del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.
Si algo caracteriza a la zona es la variedad en los paisajes y ecosistemas, con altitudes que van desde los 2.100 m. en la sierra de la Cabrilla hasta los 360 m. en las proximidades del puente de la Cerrada.
La comarca se caracteriza por paisajes donde las altas cumbres se mezclan con profundos barrancos, suaves relieves y amplios valles, bosques, olivares y pastos de alta montaña, huertos, zonas húmedas, secas y áridas. La altitud asciende de oeste a este, pero no de forma continua, sino formando dientes de sierra, cuyos salientes y entrantes con progresivamente más pronunciados, alternando cursos fluviales y líneas de cumbres.
El aprovechamiento tradicional de estas tierras ha sido de pastos para el ganado, forestal, pequeñas áreas de cultivos tradicionales (olivar, cereal, huerta), caza, pesca, recolección de setas, frutos silvestres del bosque y esparto y mimbre para la variada artesanía popular, principalmente.
Estos usos tradicionales han dejado paso a nuevas actividades económicas, principalmente empresas de servicios, sobre todo turística, en el área del Parque Natural. Hoy La Iruela cuenta con una gran infraestructura turística que, junto con las de las ciudades de Úbeda y Baeza, son las más importantes de la provincia de Jaén.
En la actualidad el olivar ha ido desplazando al resto de cultivos, las lomas están ocupadas por un mar de olivos interrumpidos, a veces, por huertos, todo ello enmarcado en las sierras circundantes. En las zonas más secas y áridas los almendros salpican de blanco la primavera.
Un espacio con multitud de ecosistemas en los que se integran infinidad de especies que conforman su rica y variada fauna: desde las aves rapaces, las carroñeras, las especies cinegéticas, tanto de caza mayor como menor, los peces, anfibios, reptiles, así como la avifauna característica de la vegetación de ribera existente junto al cauce de arroyos y ríos.
Sin duda, un auténtico paraíso natural para recrearse. Resulta casi obligatorio establecer un contacto directo con alguno de los parajes maravillosos que esconde este territorio, donde además de observar “in situ” tanto la vegetación como la fauna, podremos deleitarnos con unas fabulosas panorámicas de la sierra y de la campiña jienense.
La mayor parte de los terrenos de La Iruela pertenecen al Monte Público Guadahornillos, con algo más de 6.740 hectáreas.
En el término municipal de La Iruela destacan los siguientes equipamientos de uso público:
Comenzamos el ciclo festivo de La Iruela en el mes de enero:
Comparte su gastronomía con la propia de la comarca serrana donde se enclava. En general los guisos están elaborados con productos de la tierra. Entre los más característicos, destacan los siguientes:
Repostería:
Los primeros indicios de presencia humana en el entorno de La Iruela datan de la Edad del Cobre, con gran ocupación hasta la Edad del Bronce. Después se produjo un despoblamiento del área para la que los investigadores no tienen explicación, puesto que pasado el tiempo asistimos a una proliferación de asentamientos. Uno de ellos es el de Nubla, con restos de fortificación y que estuvo activo desde los íberos hasta la época medieval, ocurriendo lo mismo en tiempos de los romanos, el puente del Molino que cruza el río Cañamares se atribuye a este periodo.
Se ha dicho que los cartagineses fundaron la ciudad, que fue populosa en tiempos romanos y que los árabes la destruyeron para después poblarla y reconstruirla.
Durante el periodo islámico debió ser una de las alquerías que poblaban la región. Alrededor del siglo XI esta población estaba amurallada y la cima del promontorio le servía de refugio.
En tiempos del rey Fernando III y gracias a las tropas del arzobispo de Toledo, conquistan el castillo y el resto del municipio. En agradecimiento el rey le entrega la jurisdicción de estas tierras dentro del adelantamiento de Cazorla. Finalizando el siglo XIII, con el fin de reforzar el alfoz de Cazorla, le donan La Iruela como aldea, pero La Iruela no quiso aceptar este privilegio dado a Cazorla.
En algunas ocasiones consiguió el privilegio de villa, pero por espacios muy cortos de tiempo.
Francisco de los Cobos, secretario de Carlos I, consiguió que el monarca le cediera la villa en detrimento del arzobispo de Toledo, que pleiteó hasta que en 1606 la recuperó de nuevo. En este corto periodo de tiempo, los Cobos, grandes mecenas en las tierras de su señorío, mandaron construir la iglesia de santo Domingo de Silos en el interior del recinto del castillo.
Los arzobispos de Toledo siempre mantuvieron la posesión de esta villa hasta 1811, año en el que las Cortes de Cádiz suprimen la jurisdicción territorial del arzobispado de Toledo. La jurisdicción espiritual sobre estas tierras llega hasta 1958, año en el que pasó a Jaén.
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