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Ibros es un pequeño municipio situado en el noroeste de la comarca de La Loma y Las Villas. Su término municipal es una campiña olivarera que se extiende en pendiente descendente hasta el río Guadalimar.
El olivar es de muy buena calidad y en torno a él se ha desarrollado una importante industria oleícola local.
Otras actividades relevantes son el cultivo de las huertas, la artesanía de la madera, transformados metálicos y la selección de residuos urbanos a través de la planta instalada en el municipio.
La vida local de Ibros está muy condicionada por su cercanía a las grandes ciudades de Linares, Baeza y Úbeda, captando trabajos las personas que están desempleadas en los sectores de la construcción, servicios o en la industria de estas ciudades.
Del patrimonio arquitectónico destacan la Muralla ciclópea, construida en el siglo I a.C., y que ha sido declarada en 1931 Monumento Histórico-artístico, y la iglesia de San Pedro y San Pablo, de estilo renacentista.
El término municipal de Ibros tiene una extensión de 55 km², con una orografía llana sin apenas relieve, surcado por varios arroyos que cruzan el territorio de sur a norte para verter sus aguas en el río Guadalimar.
La mayor parte de sus tierras de cultivo están dedicadas al olivar, que van descendiendo en pendiente hasta el río Guadalimar. Este río hace frontera con el territorio de su vecino Linares durante un recorrido importante, por este motivo la superficie de vega de Ibros es considerable y hace que los cultivos hortifrutícolas en Ibros tengan también mucha importancia. Al tiempo que contribuyen a la diversidad biológica y ecológica de la localidad.
A las numerosas especies que viven en el olivar, algunas tan emblemáticas como la abubilla, chotocabras pardo, carbonero, aguilucho pálido, aguilucho cenizo, hemos de añadir mamíferos como el zorro, el conejo, la gineta o el ciervo. Sin olvidarnos de las aves que se alimentan en el olivar en sus largos desplazamientos migratorios por la península, un alimento nutritivo que les ayudará a reponer fuerzas.
Tanto a la fauna como a la flora propia del olivar, hemos de añadir la que genera el río Guadalimar a su paso por el término, o el embalse de Giribaile sobre este mismo río. En las proximidades al cauce de los ríos, donde se forman las galerías de ribera en la que crecen chopos, mimbreras, taráis, abedules… Crean el ecosistema ideal para que en él vivan la boga del Guadiana, el barbo andaluz, la culebra de escalera, la garza real, nutria europea o toda la avifauna característica de la vegetación de galería.
Ibros es por este motivo, una localidad con una diversidad de ecosistemas que enriquecen tanto su fauna como su flora.
Las principales fiestas que se celebran en Ibros son:
En la gastronomía de Ibros hay dos ideas que siempre están presentes: una es la presencia de su aceite de oliva en la mayoría de sus platos, y la otra, que utilizarán los recursos que la naturaleza genera en sus tierras, verduras y hortalizas de sus huertos, espárragos, níscalos o carne de los animales que se crían en sus campos y de los que pueden surtirse en época de caza.
Entre los platos más tradicionales tenemos:
En la repostería destacan:
Según algunos autores este es la antigua “Ibes” o “Ibris” de los oretanos, en la que existió un fabuloso rey íbero que dio nombre al poblado.
Los numerosos vestigios arqueológicos hallados en su término muestran una intensa ocupación humana durante la época romana. Se trata de villas rústicas entre las que destacan la del Cortijo del Álamo, la del paraje de Horcajo y la del Corral del Manchego, donde también se encontró una pequeña necrópolis.
De la etapa islámica se encontraron dos inscripciones en la localidad. La primera de ellas se trata de una lápida funeraria fechada en 1205 que ha sido trasladada al Museo Arqueológico Nacional; y una segunda fechada en el siglo XII que se encuentra en el Museo Provincial de Jaén.
Los cristianos la tomaron en 1157, pero cayó de nuevo en poder de los árabes, hasta que definitivamente es conquistada por Fernando III el Santo.
Tras la conquista castellana estuvo dividida en dos jurisdicciones:
Esta división ha marcado la morfología del casco urbano, con dos zonas diferenciadas: “Ibros del Rey”, en torno al templo parroquial y al Ayuntamiento, con nobles viviendas de sillares y calles empedradas, e “Ibros del Señorío”, barrio pintoresco y popular, que muestra su origen en familias con un nivel económico bajo.
En 1836 fueron rechazadas en Ibros las fuerzas Carlistas que operaban en la Mancha. Su fortaleza fue citada por Sarthou en su obra “Castillos de España”, célebre por sus murallas ciclópeas.
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