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Higuera de Calatrava es una pequeña localidad situada en el suroeste de la comarca de la Campiña jienense, en el límite con la provincia de Córdoba. Su término municipal presenta suaves ondulaciones cultivadas de olivar, alternando con algunas zonas de cultivos herbáceos. El arroyo Salado de Porcuna recorre el municipio y riega sus zonas ribereñas.
Abunda la caza menor en todo el territorio, pero la base de su economía es la agricultura y la industria del aceite.
Entre el patrimonio histórico de Higuera de Calatrava destaca su Torreón, de origen cristiano; la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción de época medieval; la Casa del Párroco y varias casas renacentistas.
Higuera de Calatrava es una de las poblaciones que configuran la Campiña jienense. Su paisaje se caracteriza por una sucesión de lomas onduladas y de poca altura, cubiertas de olivar. La vegetación que nos encontramos no es la original. Los encinares y matorrales originales, paulatinamente se han ido roturando y reemplazando por olivares o cultivos de cereales. La mayor parte de los cultivos son de secano. La vegetación predominante es, por tanto, la propia de la Campiña: olivos y vegetación de ribera junto al cauce del arroyo Salado, mimbreras, cañas, sauces, álamos blancos y taráis, entre otros.
La fauna que predomina son los animales de la caza menor: conejos, liebres, perdices, codornices, zorros, tejones… Aves predadoras como el aguilucho cenizo en primavera y verano y el aguilucho pálido en el invierno, el cernícalo y el halcón, difícil de encontrar en la península, pero fácil de ver en el olivar. Anfibios y reptiles, favorecidos por la variedad de ambientes que proporciona el arroyo Salado: salamanquesas, culebras y la víbora hocicuda. Sin olvidarnos de las aves insectívoras que tienen la función de actuar como insecticidas ecológicos para evitar las plagas en el olivar: abubillas, currucas, carboneros, ruiseñores…, son algunas de las aves que integran este grupo.
En la localidad se celebran estas fiestas:
La cocina de Higuera de Calatrava forma parte de la cocina tradicional de la Campiña, íntimamente unida a las faenas agrícolas:
En el término municipal de Higuera de Calatrava se han localizado restos que nos indican asentamientos humanos en esta zona desde el Neolítico. De una fase más avanzada es el poblado de La Atayuela, situado en un cerro y con restos de estructuras fortificadas, que nos demuestran la presencia de una sociedad jerarquizada.
La segunda Guerra Púnica hizo que estas tierras ocupadas por los Íberos se llenaran de torres de vigilancia, una de ellas sería la que se alzaba en el Cerro de El Castellard.
Durante el control del Imperio Romano, se produjo una importante ocupación del término por explotaciones agropecuarias tipo villa, entre otras podemos citar: Cerrillo del Eco, Cortijo de los Antojos y El Calvo.
El origen de su actual emplazamiento se remonta a la época islámica, que en aquel entonces sería una pequeña aldea de la que no se tenían noticias hasta poco después de la conquista castellana, y aparece como una aldea de Martos, y por lo tanto integrada en la Encomienda como posesión de la Orden de Calatrava.
Al igual que el resto de posesiones de esta orden, contó con un castillo del que queda en pie la torre del Homenaje o Torreón. Según la tradición popular este castillo fue protagonista de la cruenta batalla que enfrentó al rey Juan II de Castilla con el de Granada en 1431.
En el año 1600 fue declarada villa y cambia su nombre, Higuera de Martos, por el de Higuera de Calatrava, ya que seguía perteneciendo a la Orden.
Desde este momento, Higuera de Calatrava, vive sin grandes sobresaltos hasta la Guerra Civil. Durante la misma, el municipio fue en algún momento el límite entre los dos bandos enfrentados y esto hizo que sus infraestructuras quedaran seriamente dañadas, por esa razón la Dirección de Regiones Devastadas tuvo que prácticamente reconstruirlo al finalizar la contienda.
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